Aunque se esté en medio de un terrible y maldito acoso, por demás abusador y difamante, bajo el cual nos quieren tener inmersos, sólo por no ceder, por no aceptar imposiciones indecorosas, indecentes, corruptas, caprichosas y manipuladoras, provenientes del famoso abusador, prepotente, intrigante y perverso factótum, sin que quién o quiénes estén llamados a ponerle coto a esta situación y no se dignen hacerlo, aún sea para aprovechar y limpiarse de esos parásitos que se nutren de ellos, es, precisamente, cuando surgen como cristalino manantial, las limpias ideas y conceptos del preclaro, honrado y gran profesor Juan Bosch.
Como la historia se repite cada determinado tiempo, lo escrito por el profesor Bosch, con relación a la unión de jimenistas y horacistas contra el gobierno del presidente Woss y Gil; consideró que eso era lógico, debido a que la lucha establecida no era producto de una lucha de clases, en la cual una tomaba el poder para imponerle a los demás su concepto particular del Estado y las implicaciones que esto conlleva, sino que era una lucha entre grupos de los tres sectores de una misma capa social y que esa capa en sus tres sectores, perseguía el mismo fin. Como si hubiese sido escrito ayer.
Refiere el profesor eterno, ideólogo, creador y precursor de los dos y si me atacan digo, de los únicos dos partidos que hoy existen, que la lucha que entonces se libraba no era más que una lucha personalista, motivada por conquistar el poder para lograr fines personales, no para transformar las bases económicas y sociales del país y que era, un desorden mantenido a perpetuidad.
Pim-pum, al parecer, la misma historia con diferentes protagonistas. Se habla y cantaletea por doquier, la inmensidad de las bondades de la nueva constitución, de las leyes vanguardistas y globalizantes que se han elaborado en los últimos años y una retahíla más de progresos y avances tecnológicos, mientras y quizás con mayor intensidad, se hace evidente el desinterés por llevar todo esto a la práctica o al menos, hacer la pantomima de cumplirlas y querer hacerlas cumplir.
Por doquier es lo mismo, innegable y evidente la sumisión que nos acorrala y que producto de esta acción, la destrucción y la casi desaparición de las instituciones, los valores éticos y cuanto tenga algún valor moral, ya que no se puede ocultar por más subterfugios que se intenten enarbolar.
Sumisión esta, solo para poder proseguir lamiendo la miel, aunque sea arrodillados. Y, mientras muchas cosas supuesta o realmente van pa´arriba, aquellas cosas tradicionales, en el comportamiento de los miembros de esta sociedad y que eran tan comunes, hoy, de tanto darle pa´bajo, están lastimosamente desapareciendo.
Por eso y mientras el hacha va y viene, ¡Cuantas cosas más hay por las que muchos son los que quieren verse libres de nosotros!. Y todo, porque no han sabido como tantos, el bien general que se puede llevar a cabo desde las posiciones asignadas. Precisa y supuestamente, para representar y acrecentar el bienestar de los hombres y mujeres de bien, lo que nos trae a colación la expresión atribuida a Nerón por Suetonio, de que ningún príncipe ha sabido aún cuánto puede hacerse desde el trono.
Pero hoy, indignado de nuevo, ante bajezas que parecen no tener fin, llevadas a cabo por determinadas autoridades, que cual cápsula medicinal, concentran las más vergonzosas acciones humanas, bajo un poder cuyo mejor y más grande característica se basa en el capricho y los abusos, es que en cuanto a mí y un gran número de personas, la esperanza de que esto cambie, parece que se extingue, lenta pero inexorablemente, como el último candil que queda para alumbrar la oscuridad, en casa de gente pobre. Todo esto, sin quitar siquiera una coma. ¡Sí señor!.
Al hombre justo y tenaz en sus propósitos ni el furor de ciudadanos poderosos, ni el rostro fiero de un tirano amenazador, lograrán que altere su firme pensamiento.

