Porque Antes pensaba tener todas las respuestas y hoy, he olvidado hasta las preguntas.
Como si padeciésemos un sauna mental. Desgano total para hacer o creer en o cualquier cosa. Cuán raudo todo se banaliza. Nos cubre la duda al pretender creer en la actitud de todo aquello que se mueve y más, en aquello que tiene el poder de pensar, de hablar bien y que posee el gran poder del engaño y la tremenda coraza de insensibilidad, que otrora, era una perfecta desconocida y que hoy, gracias a la globalización, ha llegado a un desarrollo increíble.
Las acciones son vergonzosas, despreciables, tienden a pretender confundir nuestros pensamientos. Qué corrupto, banal y mezquino es el carrusel en el cual pretenden mantenernos girando. Las imágenes que nos presentan, si las aislamos y las analizamos por medio de un simple ejercicio mental, nos daremos cuenta de que todo eso que nos espanta por lo ridículo o todo aquello que nos quiere atrapar, es solo producto del engreimiento, de la vanagloria personalista y la ambición sin límites de un reducido grupo de insaciables políticos.
Nos están obligando a vivir a la defensiva y a temerle hasta a nuestra sombra. Pretenden enmarañar con mil argucias lo penoso de la situación pero, la falsa literariedad de los perversos no le quita un ápice a la realidad imperante. Las personas se arrastran, como si fuesen reptiles, todo con la finalidad de obtener una dádiva. Ya sea esta grande o pequeña, dependiendo del nivel social del arrastrado pero, dádiva al fin.
Por eso vivimos como animales, con la ofensiva en ristre como la mejor arma defensiva ante los agravios, engaños, chantajes y manipulaciones que cual película barata y de baja calidad, desde el inicio, ya conocemos con poco margen de error o de cosmética, el predecible final.
¡Ah! Y como muchos se quieren hacer los graciosos o más pendejos de la cuenta y les gusta que le den el pastel pero también que se lo pongan en la boca y le muevan la quijá, al pretender que les digan nombres y el tipo de mamotreto al cual nos referimos, donde al igual que cuando se cazaban perros con longaniza y que hoy lanzan este alimento al aire, revestido de otra cosa, solo les digo que ya los pendejos se graduaron y son grandes empresarios políticos. A otro perro con eso.
Existe una intelectualidad mal empleada, corrupta e infuncional la cual ha creado una falsa imagen y pretende que la misma les despeje sus grandes y graves temores. Su ambición es insaciable y por defender sus mórbidos, perversos y acomplejados intereses, se comportan como los perros, que ante un objeto lo miran, lo olfatean, y sino se los pueden comer lo mean y se van.
Por y ante esta actitud, prepotente y avasallante de estos señores, políticos pseudo feudales-monárquicos, es que digo desde ahora y con pleno conocimiento de causa: mi voto, mi gran y primer voto, no será condicionado. No será en base a manipulación mediática y muchos menos, mi voto, mi primer gran voto y por igual el de mis amigos, allegados y familiares, será un voto de conciencia, crítico, analizado y conceptualizado dentro de los más elevados conceptos de realidad, moralidad y conciencia cívica.
Reitero, nuestro voto no será un voto de salami, ni de cerdos y mucho menos de fundita, ni negociado por puestos ni designaciones. No señor, no será un voto cualquerizado, reitero, mi voto, nuestro voto, será un voto de vergüenza, conocimiento y conciencia ciudadana.
Es bueno insistir, que nuestro voto no será por mítines, bandereos, marchas o encuestas, aunque el mortal elegido seleccionado por nosotros no disponga de medios y mucho menos de dinero para aparecer entre los favoritos del resto de los supuestos o reales votantes. No señor, nuestro voto será un voto de orgullo para el mortal por el cual echemos el voto en la urna. No será un voto en busca de prebendas ni será por igual un voto manipulado, y tengan ustedes por seguro que serán más, mucho más que los que puedan aportar los dinosaurios, prepotentes, encumbrados y cínicos que pertenecen a determinados comités políticos y central de algunos antros políticos o entelequias buscaprebendas, que viven del basurero político. ¡Sí señor!

