A sus 21 años de edad, Yoselín Marte Ventura soñaba, como toda joven, con comenzar una nueva vida. Residente en el sector Mejía Abajo, en Navarrete, se había unido a Edison Joaquín Jorge Alejo, de 29, de quien tuvo que separarse porque él la celaba mucho. Sin embargo, no pasaron 20 días para encontrar la muerte de una manera espantosa.
Jorge Alejo estaba decidido a que sería de él o moriría. Y así fue. Con una navaja de siete pulgadas le cortó la garganta. El homicida se suicidó colgándose de una viga en la misma vivienda donde tronchó la vida de una mujer joven.
Se trata de otro de los tantos feminicidios frente a los cuales las autoridades no encuentran respuesta más allá de ineficaces y pasajeras campañas mediáticas. El incremento de los asesinatos de mujeres por sus parejas o exparejas ha demostrado que no es con sermones, lamentos, homenajes póstumos, marchas ni exhortaciones como se detendrá una violencia que cada día cobra nuevas víctimas.

