Institucionalmente la República Dominicana no avanza. El presidente dice una cosa, pero hace otra. Como he dicho muchas veces citando al cantautor cubano Silvio Rodríguez, Leonel Fernández es un servidor de pasado en copa nueva; un político que se vale del presupuesto de un pobre pueblo para mantenerse en el poder.
Al igual que su líder y guía espiritual Joaquín Balaguer, Fernández intenta mantenerse en el poder todo el tiempo que las circunstancias y los recursos del Estado se lo permitan. El proyecto reeleccionista no es espontáneo. Es resultado de un plan surgido en el Palacio Nacional. La nueva Constitución no impedirá el intento reeleccionista de alguien que tiene todos los poderes.
Además, la Constitución, siguiendo los lineamientos del líder y guía espiritual, no es más que un pedazo de papel. Y ese pedazo de papel, con la colaboración de un sector del PRD, redujo los espacios democráticos, de tal suerte que hoy tenemos una Carta Magna más atrasada y antidemocrática que la anterior.
El proyecto reeleccionista es del señor Fernández. Lo puede detener una fuerza dentro del PLD. Pero la mayoría de los dirigentes de ese partido son subalternos del presidente. Muchos se han corrompido de tal manera que no pueden dar marcha atrás sin correr el riesgo de terminar en la cárcel o fuera del gobierno y del partido. Otros aseguran que no discutirán ni pelearán con el jefe. El PLD se ha corrompido tanto como el gobierno.
La otra fuerza que puede impedir la continuidad del señor Fernández en el poder es el PRD. Pero no el PRD del empresario de la construcción y del sector inmobiliario y turístico Miguel Vargas. Tiene demasiados intereses económicos.
La tercera fuerza la constituye el pueblo, si se empodera de su realidad y hace inoperante el clientelismo.
Es posible que un sector sano que aún queda en el PLD, igual que en el PRD, puedan marchar juntos a las demás organizaciones populares, democráticas y revolucionarias en procura de un cambio que saque al señor Fernández del poder.
No hay Constitución ni leyes que frenen al señor Fernández. Un frente antirreeleccionista sería lo correcto.
El señor Fernández no es un muñequito de papel. Como no lo fue Balaguer.

