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FÚTBOL SÓLO FÚTBOL

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¿Evolución o involución…?

Jorge Rolando Bauger
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Desde el mismo instante que las reglas del fútbol fueron creadas, el juego no ha cesado de evolucionar.
La llegada de los árbitros le quitó responsabilidad a los capitanes, la sustitución de la cinta por el larguero, así como la aparición de las mallas redujeron las protestas y legitimaron más el creciente deporte.

Luego, aparecieron los números en las camisetas para identificar a los jugadores. Los uniformes dejaron de ser piezas incómodas y pesadas y se convirtieron en atractivas piezas con peculiares diseños y llamativos colores, cuyas telas minimizan los efectos de la sudoración.

El cambio también afectó al calzado. Antes eran – casi-casi- botas de trabajo con tapones de cuero que pesaban más de dos libras, hoy en día el calzado, es liviano, y se fabrica con fibras y llamativos colores.

Al principio, los balones eran de cuero y por eso los porteros se esculpían las manos para facilitar su agarre. Ahora los mismos son sintéticos y los porteros usan guantes para reducir los riesgos de que resbalen.

Los guantes actuales dan la sensación que son magnéticos.

Las superficies de juego son – por lo general – verdaderos billares y, con la aparición de la gama híbrida, ninguna condición climática altera su calidad y el juego no pierde su vistosidad.

Por si toda esta evolución no fuera suficiente, apareció el VAR y con el mismo, todos tenemos que esperar a que, desde una cabina climatizada, nos autorice a celebrar el gol o lamentarnos. Es demasiado.


Esto no significa que estemos en contra de la evolución, sino que la misma en vez de aumentar la cantidad de goles, está provocando que se olvide la razón de ser del fútbol que es la de marcar la mayor cantidad de goles posibles.

La historia muestra que los trece goles que convirtió el francés Just. Fontaine en el Mundial de Suecia 1958, difícilmente serán superados.

Confesamos añorar los múltiples goles marcados por Pelé, Eusebio, Di Stefano, Batistuta y otras tantas celebridades y cuando ellos jugaban los balones eran de cuero que, al mojarse con la lluvia, se convertían en una bola de cañón, las camisetas se confeccionaban con algodones de mala calidad y, no se permitían las sustituciones.

Si es por el bien del juego, bienvenida sea la evolución, pero, si la misma castra la espontaneidad y el soberano público debe de esperar que le autoricen a celebrar un gol, es una verdadera tortura.

La simpleza de las diecisiete reglas del fútbol lo han convertido en el deporte más popular e impredecible del mundo y los errores que se cometen en el transcurso de un juego, ya sea por los jugadores como los árbitros, forman parte del juego.

Paradójicamente, la inmejorable calidad de los actuales balones como las cómodas botas y los excelentes terrenos de juego, no han incrementado los disparos a puerta desde mediana o larga distancia, tanto en las selecciones como en los diferentes equipos.

El Nacional