La calidad de los servicios de salud de Haití, disminuyen cada día por el cierre sin explicación de varios hospitales, algunos exclusivamente de maternidad, donde las haitianas podían alumbrar, sin desplazarse hacia territorio dominicano, ocupando la mayoría de las salas de los centros de salud del Estado.
Al parecer, el grupo que dirige a Haití tiene internalizado el criterio de que la República Dominicana, cuenta con la infraestructura necesaria en materia hospitalaria, para suplir las necesidades de atención médica que ameritaba sus habitantes, y descuidan o se olvidan de uno de los derechos fundamentales de las personas. Prerrogativa consagrada en todas las constituciones del mundo.
De un Estado que está a la deriva, se puede intuir que su propósito central es la reconstrucción de su ejército con fines sediciosos, y promover la inmigración ilegal hacia territorio dominicano con esos mismos propósitos, pues debe recordarse que Haití nos ha agredido decenas de veces, obligándonos a sostener más de 15 batallas, en las que hemos salido victoriosos, resguardando nuestra soberanía y manteniendo a sangre y fuego la independencia nacional.
De acuerdo con estudios del Banco Mundial, Haití gasta 13 dólares per cápita anual, mientras la República Dominicana eroga 180 dólares mínimos por persona, aunque los esfuerzos que hace el Estado nuestro triplica esa cantidad, al prestar servicios y cubrir la cobertura de muchas enfermedades catastróficas y otras que requieren medicamentos costosos, situaciones que desborda el presupuesto destinado al sector salud.
El Banco Mundial le ha requerido a Haití un mayor nivel de inversión pública y una mejor asignación de recursos para mejorar el acceso de salud de todos los haitianos, recomendación que ha caído en el vacío, dado que el desorden que impera allí no permite la planificación de ningún proyecto que redunde en beneficio de su población.La entidad internacional ,llama su atención a Haití que no toma en cuenta las recurrentes emergencias que azotan ese pues, destinan más de la mitad del gasto total en salud a la atención curativa, en lugar de la preventiva.

