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Generaciones   arte, estilos y connivencia

Generaciones   arte, estilos y connivencia

Las artes plásticas en la República Dominicana, acusaron un inusitado y promisorio auge en la postrimería de la década próximo a concluir.

Tal parece que el espíritu que volvió al decenio de los ochenta, el periodo de mayor florecimiento en las artes visuales nacionales, llegó -aunque precedido por una crisis económica sin parangón-, blindado por el activismo y entusiasmo de nuevos galeristas, sorprendentes exposiciones y novísimos críticos y curadores, bajo el reguardo cómplice de pintores y escritores consagrados, que encontraron puntos de comunión en lo más regio y calificado de los valores emergentes.

Antecedentes

En los años 40, con el impulso de la primera hornada emigrante de artistas y escritores españoles, exilada en la isla, luego de los desafueros del dictador Francisco Franco (1892-1975), la República Dominicana fue conmovida por el talento de Ada Balcácer, Gaspar Mario Cruz, Paul Giudicelli, Gilberto Hernández Ortega, Marianela Jiménez, Clara Ledesma, Domingo Liz, Silvano Lora, Luis Martínez Richiez, Eligio Pichardo, Nidia Serra y Antonio Toribio, quienes conjuntamente con Gilberto Fernández Diez, Fernández Fierro, Francisco Gausachs Aisa y Antonio Prats Ventós, recibieron instrucciones de José Allalloza, Antonio Bernard (Toni), Blas, Angel Botello Barros, Joseph Gausach Armengol, Eugenio Fernandez Granell, Víctor García (Ximpa), Juan Junyer, Rivero Gil, José Rovira, Carlos Solache, José Vela Zanettiç, Alfonso Vila (Shum), parte de los cuales, figuras estelares de la primera versión docente de la Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que el talentoso y reconocido escultor, Manolo Pascual, fungiría como su primer director.

Ventaja cómplice

Una de las ventajas que suceden a las exposiciones pictóricas colectivas, es la de ofrecer la oportunidad de ser testigo de continuidades y rupturas, así como del cúmulo de lenguajes, estilos y formas que distinguen y ejemplifican una personalidad, develando influencias, subrayando puntos de encuentros y resaltando personalismos.

En ese tenor, la colectiva “Huellas de Mar”, curada por Danilo de los Santos y Myrna Guerrero, y presentada en el salón La Rotonda del Palacio de Bellas Artes en el pasado mes de mayo, presentó lo más destacado del arte dominicano de  1939 al 1959.

Tras su visita, descubrimos acentos afortunados, escuelas veladas, formas experimentales y aprovechamientos inteligentes del color y los espacios.

Al tiempo que destacamos el brillo de la semejanza en obras de significación, así como la variedad y reflujo de sus tonalidades, como sus posibles y revolucionarios envoltorios temáticos; ya clásicos o modernistas.

Ahora, ya a final de año, nos premia la exposición “Generaciones”, presentada en la Galería de Arte Santa María de la Zona Colonial, organizada por el promotor artístico, gestor cultural y webmaster, Elvin Haddad, director de la versión virtual de  la Galería de Arte Dominicana.

“Generaciones” funde en un sólo y apropiado espacio, obras premiadas de consagrados y novisimos dominicanos, como Freddy Javier, Martín Santos, Clinton López, Rafael Peralta, José Sejo, Marcos Guerra, Pedro Gallardo, Ángel Abreu y Noris Englund. Cuenta con como invitados internacionales al colombiano Fernando Montoya y los cubanos Arturo Salazar y Jimmy Verdecia.

Se trata del aprovechamiento de un punto fijo, mediatizado por el reflejo de ejecutantes de gran inspiración y reconocida trayectoria. Ideal para finalizar una década donde la pintura dominicana confirmó la autenticidad de su asombro.

El Nacional

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