Desde el ruidoso operativo que se inició el martes tras la captura del presunto capo César Emilio Peralta (César el Abusador) a la fecha, la lógica de los acontecimientos raya, a simple vista, en una vana tomadura de pelo. A menos que no se quiera ver la realidad o por algún otro motivo las autoridades, como en otros escándalos, no han dado pie con bola en el aparataje contra Peralta a nombre de la lucha contra el narcotráfico y el lavado de activos.
Antes que una iniciativa propia contra César el Abusador, a cuyas operaciones según el Departamento Nacional de Investigaciones se le daba seguimiento desde hacía cuatro o cinco años, la Procuraduría General de la República decidió actuar después de una orden que Estados Unidos le notificó el 16 de julio. Se infiere que el mandato, que no se le puede llamar de otra manera, fue resultado de la pesquisa realizada por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la DEA tras el atentado del 9 de junio en que resultó herido el expelotero David Ortiz.
El suceso puso en la palestra el nombre de César el Abusador, quien, lejos de intimidarse, seguía con su mismo estilo de vida. Se le veía en distintos centros de versión con las más variadas compañías. O sea, que si se le quería capturar, amén del seguimiento que le daba el DNI, era un blanco fácil, al alcance de la mano. Pero no solo se esperó que Estados Unidos informara sobre la poderosa red narcotráfico y lavado que encabezaría, sino que cuando se salió a buscarlo el hombre se esfumó como por arte de magia, sin dejar el menor rastro.
Ahora las autoridades, que allanaron discotecas, dealer, apartamentos, casas de cambio, diferentes establecimientos y han hecho un gran ruido, son blanco de sospecha para la huida de César el Abusador, a quien si se hubiera capturado tampoco se hubiera visto como un trofeo por la participación en los operativos de agentes de la DEA y del FBI. Al no concebirse un guión tan burdo y mal elaborado se percibe que la captura del presunto narco no era el objetivo de la aparatosa persecución.
La verdad es que un hombre ubicado, si es verdad que lo estaba, no había manera de que escapara tan olímpicamente. Menos aún con el estilo de vida que llevaba.
Este caso no puede dejar de asociarse con la investigación sobre el escándalo de los sobornos de Odebrecht, tanto en lo atinente a lo escabroso que ha resultado identificar los seudónimos de los beneficiados con los pagos ilícitos como al nombre de la compañía que desde el primer momento habría sido excluida del expediente. La impresión es que se ha optado por un golpe de efecto antes que el compromiso de llegar al fondo para evitar que la podredumbre que salga a relucir quite muchas máscaras.

