El presidente Luis Abinader ha mostrado firmeza frente a los problemas que nos ocasiona Haití en muchos frentes, una actitud digna de encomio que lo puede catapultar como el nuevo centinela de la frontera, un protector de la dignidad y decoro de la Patria herida, por la presencia de miles de ilegales haitianos que siguen dejando una secuela de conflictos que erosionan la soberanía nacional y las arcas públicas, por la cantidad de dinero destinado a cubrir las afecciones de salud, mermando el presupuesto del ministerio de la salubridad pública.
Aunque muchos nacionalistas tienen sus reservas con las posiciones de Abinader frente Haití, creemos que cuando se unen muchas voces en defensa del país, se logran conquistas, pero si lo que prima es la incredulidad y la indiferencia, tenemos una derrota segura, pues no tienen sentido los reclamos que se formulan para controlar la inmigración haitiana y los desafueros de las bandas criminales que tienen el poder el vecino país, que ahora desafían para desviar las aguas del río Masacre, de manera unilateral, violando un convenio firmado en el año 1929.
Desde su asunción al poder, el jefe de Estado ha insistido en la necesidad de que otras naciones intervengan en Haití en búsqueda de soluciones a los graves falencias que gravitan allí, y ha subrayado que la República Dominicana no puede cargar con los múltiples problemas del vecino país, dado que en nuestro país todavía padece de niveles de pobreza que deben ser superados. Y luego el primer mandatario desautorizó a una denominada mesa técnica, que dio luz verde a los haitianos para construir el canal objeto de la controversia.
Y siguiendo con su coherencia, Abinader rompió el diálogo con Haití hasta que detenga los trabajos de canalizar las aguas del referido río, lo que demuestra una posición nacionalista que debe ser estimulada por los sectores que claman una mayor dureza contra los depredadores haitianos y por el ejercicio de un mayor control migratorio conjuntamente con una política de deportación masiva para resguardar la soberanía, la cual está en peligro por la penetración de los haitianos en los institutos castrenses y los nichos que se han levantado cerca de importantes bases militares.
Por: Hugo Ysalguez
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