Escrita y dirigida por Amat Escalante, Heli sorprende por el concepto inteligente de su guión y su violencia sin medida
José Rafael Sosa
joserafael.sosa@gmail.com
El intenso y variado curso de la cartelera del VII Festival de Cine Global Dominicano, se estremeció ayer con las inolvidables escenas de violencia narcotraficada de Helì, el drama rural de Amat Escalante, con la que ganó en Cannes 2012 y que ahora ratifica sus calidades en playas del Caribe.
Su trascendencia no está en el tema harto conocido, sino en el tratamiento que ofrece el director al resumir el proceso complejo, intenso, golpeante, casi morbosamente exhibicionista de una violencia ríspida y espinosa.
Heli, que tiene aciertos como el de un movimiento de cámaras y unas actuaciones formidables, a cargo de gente sin nombre o figura en el cine internacional, es una película de esas que no pasan por las puertas traseras. Se le puede imputar su culto y la fascinación casi amarillista por la violencia, pero involucra arte cinematográfico de una Latinoamérica que parece tener lo que la industria de Hollywood ha perdido: riqueza infinita de temas.
Helí es, sobre todo, su guión, con una historia que inicia tan próxima que captura la atención por la fluidez con que cursa en pantalla, las sinceras y significativas actuaciones de talentos jóvenes, una fotografía que contribuye al ambiente psicológico
Amar Escalante es el director mexicano que de mejor manera ha incidido recientemente en Cannes, (fue selección oficial también en 2008 con Los Bastardos y en 2005 con La Sangre, se ocupa ahora se lograr un retrato rural, cinematográficamente artístico pero cruelmente real, del México de hoy, el del narcotráfico penetrado por doquier, desde la juventud hasta los oficiales de las academias policiales y el ejército. Heli es cine, cine de calidad, con una perspectiva de denuncia del estado de desintegración de la familia como parte de un síndrome sistémico que corroe a México.
Las escenas de violencia rebozan la imaginación, desde el policía que mata un perrito rompiéndole el cuello, hasta la inolvidable secuencia de tortura a dos hombres, a uno de los cuales se le quema el pene, lo cual innecesariamente muestra en detalles en director en un exceso visual que salva o hunde la película.
