Hipólito es Hipólito, así como Santiago es Santiago. Un ser humano extraordinario. Dominicano de pies a cabeza. Sin vanas pretensiones internacionalistas, gracias a Dios. Te saluda con cariño, te llama por tu nombre, te da un abrazo, bromea y hace que el encuentro sea agradable y memorable.
Conoce a medio mundo. Como buen cibaeño [como buen banilejo, diría Pablo McKinney], sabe de dónde vienes con sólo darle tus apellidos. Conserva la manía de hurgar en tus orígenes. Consecuentemente, cree en la familia.
Los nombres y propiedades de árboles, arbustos y hierbas que abundan en nuestro país no le son ajenos. Puedes preguntarle acerca de los ríos, arroyos y saltos de todas las regiones. Ha caminado todas nuestras llanuras y montañas, a pie, a caballo y en autos. Pocos lugares de estos 48,442 kilómetros cuadrados le son extraños.
En él se manifiesta, con su significado, un sentido de humanidad que prodiga todo el calor y el afecto de la amistad. Nadie que lo vea con un jarro de café, sentado en una silla de guano, en un rancho campesino puede decir que decir que está asumiendo poses.
Asumimos, como ha sido durante toda nuestra historia, que el sentido humano es vital para administrar, con justicia, los bienes materiales y conocimientos que compartimos.
De ahí que nuestros estadistas por excelencia hayan tomado la administración de la cosa pública sin desprenderse de su propia condición social, conservando su carácter y personalidad. Duarte, Espaillat y Luperón compartieron sus grandezas con las hazañas y popularidad que ostentaron.
Cuenta Theodor Mommsen que Julio César llamaba por su nombre a cada uno de los hombres de sus numerosas legiones. Los ayudaba en sus necesidades familiares, así como compartía con ellos sus penas y alegrías. Ser emperador del más grande imperio nunca lo despojó de esa condición. Por el contario, fue una de sus grandes virtudes como hombre de Estado.
Saludamos, pues, en la candidatura presidencial de Hipólito Mejía, el triunfo del PRD y de todos los dominicanos. Es decir, la victoria de lo que hay de humano y bueno en todos nosotros

