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Hombre feliz pese a  limitaciones

Hombre feliz pese a  limitaciones

La alegría se manifiesta con signos exteriores que a simple vista se perciben con sonrisas, bailes, bebentinas, cantos y muchas otras reacciones que acostumbramos ver a diario.

La espiritual es la más importante, sobre todo cuando ves a una persona que ha perdido los dos brazos y una pierna sonreír como un niño que recibe un juguete nuevo.

Es el caso de Ricardo Tamayo quien sufrió los impactos de un cable eléctrico con 8 mil voltios mientras realizaba su trabajo en la CDE de Puerto Plata.

Ricardo buscó y buscó recursos hasta llegar al laboratorio Ortopédico Internacional a consultar con su propietario, Rafael Paulino, “protesista” especializado en Nueva York y establecido hace unos años en Santo Domingo.

El caso era difícil, las condiciones económicas del joven son escasas y sus relaciones peores, no había dónde recurrir; es ahí cuando recibo la llamada de Paulino que me dice, “Tengo un caso que parte el alma” y pasa a explicármelo, cuando termina casi ni podía hablar de la impotencia que tenía ante este caso.

Me repuse y pensé en los muchos que hemos ayudado (no como este caso) pero logrando siempre positividad en los mismos.

Tomé el teléfono y llamé a Emigdio Sosa, director del Plan Social de la Presidencia, y le dije que necesitaba ayuda para una persona que había llegado desde Puerto Plata dando saltos con una pierna y sin brazos. “Es increíble, tengo que verlo”, me dijo.

Envié a Ricardo al Palacio Nacional acompañado de un camarógrafo de El Show del Mediodía y subió las escalinatas dando saltos sin caerse; cuando Emigdio lo vio el asombro fue más grande, la reacción inmediata fue donarle el dinero para sus prótesis y la promesa de darle un empleo cuando las tuviera puestas.

Ya Ricardo Tamayo puede caminar sin dar saltos, leer periódicos o revistas sin que le volteen las páginas o le sostengan el medio de lectura, comer cuando quiera y sonreírle a la vida sin amarguras.

¿Verdad que produce alegría?

Pongámonos el traje de Ricardo frente a un espejo para ver cómo nos fluye una sonrisa de felicidad y confiar en que lo que se hace por los pobres, que muchos disimulan al verlos, de una u otra forma les devuelve su felicidad. Gracias Emigdio Sosa y Rafael Paulino por empeñarse en este caso.

El Nacional

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