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Humanista y político

Humanista y político

Pedro Corporán

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El “Sócrates” de la sociedad nacional que por infortunio no pudo crear un “Platón”, Juan Bosch, bautizo muy nuestro, de conciencia pueblerina y respetable sabiduría, un hombre que pensaba como los sabios, pero sentía como los pueblos, irrumpió en el efervescente año 1978, el debate nacional con su libro Composición Social Dominicana, texto que se erigió en una concepción histórica, sociológica y económica revolucionaria que derribó falacias, mitos y falsos eslabones históricos, aceptados por décadas sobre la sociedad dominicana.

En nuestra humilde concepción, sin grandeza espiritual no hay grandeza real. Espiritualmente fue un alma grande el profesor que no necesitó títulos académicos ni de nobleza, placas ni pergaminos de reconocimientos, pedazos de metal en el uniforme ni patrimonios portentosos para la presunción del hombre, liberación de conciencia terrenal que le permitió entrar y salir del gobierno nacional en el mismo exiguo estado patrimonial.

Su estatura histórica fue alumbrada por el cultivo consagrado del don divino con que nacen todos los hombres, pero que la mayoría prefiere apagar para prender la tea de la ambición material, la vanidad y el lujo, “abolengo” infeliz y oscuro al que pertenecen casi todos sus discípulos, de los dos partidos y sus ramificaciones, el PLD y el PRD, de los cuales fue egregio fundador en 1939 y 1973.

Juan Bosch no necesitó faraónicos mausoleos, ni siquiera descansar en una tumba cercana al centro del ejercicio del poder, sino en un cementerio humilde de su provincia natal de La Vega, una voluntad testamentaria que algunos quisieron quebrar alegando vaguedades de sentimientos presumidos y testimoniando con ello que no podrán siquiera arrimarse a la estatura del maestro, miembro del parnaso de los seres humanos a los que se refería el francés François Auguste René, Vizconde de Chateaubriand, con su pensamiento que dice: “…los grandes hombres sólo necesitan una tumba y una piedra”.

La historia de este apóstol de la libertad, certifica en un pequeño pueblo del Caribe latinoamericano que todavía no ha sido posible que el humanismo, la moral, la filantropía y la verdadera sapiencia, como código supremo de poder, dirijan al Estado; imperativo abortado en la segunda mitad del siglo XX, con el derrocamiento del profesor Juan Bosch en septiembre de 1963.

Por: Pedro Corporán

lic.pedrocorporan@gmail.co

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