Opinión

Italia: El fenómeno Trump se vuelve europeo

Italia: El fenómeno Trump se vuelve europeo

El análisis del debate político en Europa requiere formular preguntas con el estilo de las paradojas: ¿Serán los euroescépticos los sepultureros del proyecto de la Unión Europea? ¿Cómo frenar los partidos antisistema que tienen vocación de gobierno? ¿Hasta qué punto todo lo que ocurre es una derivada de la crisis financiera o es la forma en que el fenómeno Trump se hace europeo?.

Durante mucho tiempo el euroescepticismo, es decir el rechazo a la UE (Unión Europea), se comprendió como la consecuencia lógica del provincialismo incapaz de entender las instituciones cosmopolitas; o como la excusa de una parte de la Europa rica, cansada de conceder subsidios a los que no supieron adaptarse al modelo económico triunfante.

Pero, en una u otra forma, el euroescepticismo no era más que un porcentaje ínfimo en el recuento electoral final.

Las miradas que observaban con desdén el parecer de los críticos al europeísmo se nublaron con el Brexit (el referéndum celebrado en el Reino Unido cuyo resultado fue decir sí al abandono de la UE). Los debates sobre la extensión del proyecto europeo -dominantes durante décadas- dejaron paso a la cuestión nunca antes expresada: ¿cómo un Estado miembro deja de serlo?.

Ahora observamos cómo se une a la negociación de la salida del Reino Unido de la UE el crecimiento significativo de alternativas que, en algunos casos, como en el italiano, contienen una extraña mezcla de excentricidad y apelación al sentido común.

Italia vive en una estable-inestabilidad política desde hace años, pero las elecciones generales -celebradas el 4 de marzo-arrojaron un resultado inquietante: los partidos que alcanzaron una mayor representación fueron el “Movimiento 5 Estrellas” (M5S)de ideología indefinida y la “Liga”, de orientación ultraconservadora que nació con la intención de independizar “Padania”.

Ambas formaciones alcanzaron un acuerdo que les permitió conformar un gobierno que cuenta con 9 ministros del M5S y 6 de la Liga. Los nombramientos más relevantes fueron el de Giuseppe Conte como presidente del Consejo de Ministros, y la designación como vicepresidentes de Luigi Di Maioy Matteo Salvini (líderes respectivos del M5S y de la Liga).

Convergencia de populismos que se explica como consecuencia del resentimiento o malestar generado por los gobiernos técnicos. Andar por callejones sin salida transformó al extremismo en la opción razonable.
El gobierno combina medidas sociales, a través de decretos como el llamado “Dignidad” (que afecta a cuestiones como el déficit público o la creación de nuevos subsidios), con una política migratoria dura que se traduce -por ejemplo- en impedir la llegada de inmigrantes ilegales a sus costas.

Sin embargo, lo que hasta la fecha llama más la atención del ejecutivo es el protagonismo sin límite de Matteo Salvini (vicepresidente y ministro de Interior). Dispone de un olfato político innegable que le permitió reinventar su partido, transformarlo en una formación nacional que amplió su base de votantes y capaz de mantener una estructura sólida en casi todo el territorio.

Los medios de comunicación le describen como un nacionalista xenófobo y algunos socios europeos lo tachan de desmemoriado por olvidar que los italianos también son/fueron migrantes. Caracterizaciones duras que no han menguado su popularidad.

Sus expresiones sobre el lugar de los trabajadores italianos frente a los extranjeros recuerdan aquella frase pronunciada por uno de los teóricos del fascismo español: “Sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria”.

Las insinuaciones de algunos miembros de su partido sobre la posible salida de Italia del euro han provocado un aumento significativo de la prima de riesgo italiana. Y las críticas de Salvini contra altos representantes de la UE -como Jean-Claude Juncker- parecen resultado de una maniobra diseñada para la confrontación.
Fue de los pocos dirigentes europeos que festejó la victoria de Trump y su relación con Steve Bannon (estratega ligado a la Casa Blanca), le convierten en punta de lanza de un movimiento ultraconservador paneuropeo. Su fisonomía política guarda aires de familia con otros líderes como Viktor Orbán, Marine Le Pen, pero su evolución está ligadaa los vaivenes de la derecha en Italia.

La filosofía italiana fue prolífica en la creación de conceptos que daban sentido a la realidad sin renunciar a su historia particular. El cesarismo fue uno de esos términos gestado en Italia y que tuvo una vida distinta a su gemelo: el bonapartismo (trayectorias de las que dio cuenta el profesor Luciano Canfora). Matteo Salvini no es Napoleón III, ni tampoco Bismarck, pero tiene rasgos del cesarismo moderno.

Conserva algo de “condottiero”, de jefe que congrega a los dispersos, con una voluntad embriagada de carisma e ironía. Un hombre capaz de pronunciar discursos fuertes que fascinan a unos, y asustan a otros, porque se cumplen.
Le corresponde al filósofo Antonio Gramsci la exposición más certera del significado de cesarismo y de sus versiones, progresiva o regresiva. Y quizá algo de lo que decía sobre el mismo arroje luz para entender el liderazgo de Salvini.

Con “cesarismo regresivo” Gramsci hacía referencia a la irrupción de una personalidad que refuerza los elementos de restauración frente a los revolucionarios (de signo contrario sería el “cesarismo progresivo”) y que aprovecha la ocasión en que las fuerzas tradicionales están débiles momentánea u orgánicamente.

umple la misión de mantener la fragilidad de sus antagonistas y, en su concepción moderna, es más policiaco que militar.

La pertenencia a la eurozona y las regiones del centro-sur de Italia son los únicos diques de contención contra Salvini: ¿Por cuánto tiempo?.

El autor es doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid.

El Nacional

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