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ITLA y la deuda tecnológica del país

ITLA y la deuda tecnológica del país

¿Está República Dominicana preparada para la revolución tecnológica? La respuesta obliga a mirar un país lleno de contrastes: referente regional en crecimiento, estabilidad y modernidad, pero con una brecha persistente entre el discurso de vanguardia y la capacidad real de su población e instituciones para aprovechar el desarrollo tecnológico, pese a su riqueza histórica, cultural y geográfica.

República Dominicana se proyecta como un país moderno, a la vanguardia en lujo, moda y tecnología, pero esa imagen convive con una realidad socioeconómica en la que millones de personas carecen de las herramientas y el conocimiento necesarios para beneficiarse de ese supuesto progreso, una brecha que lleva décadas profundizándose sin ser enfrentada de manera estructural.

Para conectar todo esto con la pregunta inicial, veamos cómo ha sido el tema de las telecomunicaciones y el camino trazado en cuestiones STEM, el enfoque obligatorio en un mundo dominado por tecnología y recursos digitales a los que ahora se suma el influjo imparable de la inteligencia artificial.

Tenemos internet desde 1995, y desde ese entonces la industria local de las telecomunicaciones se ha mantenido a la vanguardia, adoptando estándares e implementando lo último en cuestiones de conectividad. A nivel educativo, desde agosto del año 2000 contamos, por vía del Estado Dominicano, con dos entidades especializadas: el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA) y el Parque Cibernético de Santo Domingo (PCSD), ambos ubicados en el entorno de La Caleta.

A estos se suman universidades como el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), que cuentan con carreras y programas especializados en informática, robótica, inteligencia artificial y afines.

A simple vista, parece que sí, que estamos listos para la revolución tecnológica que vive el mundo, pero las apariencias engañan. Por un lado, a estos temas se les suele dar poca visibilidad y tienden a ser explicados de una manera muy sencilla, y que a veces lleva confusión. Por otro lado, instituciones como el ITLA y el PCSD operan con las carencias típicas de gobiernos que dan prioridad al partidismo político antes que la visión que deben de ejecutar.

Aun así, ha habido avances que han salido de ambos lugares.
Tratándose la tecnología del presente y futuro del país, resulta especialmente preocupante el caso denunciado en el ITLA, donde su entonces rector, Rafael Féliz García, fue destituido tras cuestionamientos éticos por la supuesta retención -bajo consentimiento firmado- de un 5 por ciento del salario de empleados con fines políticos.

Más allá del escándalo, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente: la designación de autoridades sin una formación ni visión alineadas con el ámbito tecnológico que estas instituciones están llamadas a liderar, idealmente libres de ataduras partidarias, aunque en la práctica eso siga siendo una aspiración lejana.

Cómo si no fuera suficiente con este escándalo, de manera activa en redes sociales, se está apostando por el nombramiento de personas que no necesariamente cumplen con los requisitos y que tampoco serían las idóneas, pues su trayectoria consiste básicamente en hablar duro y de manera controversial en medios como la radio. Se necesita una cabeza pensante, comedida, que no ande buscando cámara y que simplemente se enfoque en sacar provecho al talento dominicano en estas cuestiones de tecnología para así poder ser competitivos como pretendemos ser en este ámbito.

El ITLA, ni ninguna institución gubernamental, para los fines, debe de verse como un botín para beneficio personal o partidario. Cuando aprendamos a separar una cosa de la otra es posible que tengamos avances reales y tangibles.