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Jean Claude Duvalier: el retorno del dictador a  Haití

Jean Claude Duvalier: el retorno del dictador a  Haití

Al salir de la Oficina de Prensa del Palacio Nacional me tropecé, nada menos, que con el general Checo, encargado de la contratación de braceros haitianos para la zafra.

Cuando le dije que, al día siguiente, me iba para Miami en «el lechero» de Panamerican pero pasaría un día o dos en Haití, el general Checo me solicito -«me saludas al diputado Simón, reclutador allá de braceros para la caña.» Y me escribió su número de teléfono.

El Haití exótico y la perenne sonrisa de su pueblo bueno me encantaban.

Picado por conocer, si era posible, a ese personaje, el diputado Jean André Simón, que además, era representante del Presidente en todo el suroeste, lo llame de inmediato al llegar al hotel El Ranchero.

¿Checo?- «mañana domingo a las 10:00 mi hijo estará en el hotel para traerlo a mi casa.

Al día siguiente, puntualmente, en un Mercedes Benz del año, el hijo del «diputado» y «representante» Simón entraba a parquear en un sitio especial dentro del lobby.

La mayor sorpresa, ya en su hogar, fue su joven esposa dominicana, atractiva y perspicaz, que junto a Simón casi adivinaba cada gesto mío para complacerme. Siempre llamaba a Simón: «mi viejo.»

Al llegar Simón se excusó por no haber acudido al hotel para recibirme. «Aún los domingos tengo que permanecer en mi hogar hasta las doce porque puedo recibir una llamada… »

Después un solo grito para quejarse del maltrato dado a los braceros durante la zafra. «Exhaustos, enfermos, heridos.»

Cuando le pregunté maliciosamente a Simón sobre la muerte de Johnny Abbes, me respondió: «Fue muy triste una muerte tan trágica.» Desde tiempo atrás se decía que Simón fue la mano maestra que indujo el incendio de la casa del señor Abbes con su familia adentro, pero nunca se comprobó.

Simón me sintetizo finalmente su agenda: «Almorzaremos aquí en mi hogar y después lo llevare a ver algunos pueblos y finalmente iremos al Valle de Constanza en Haití. Al regreso iremos a ver el juego de fútbol. Cenaremos en un exquisito restaurante francés.»

Creo que el restaurante se llamaba Le Rond Point, pero si recuerdo que coq-au-vin fue el plato que disfrutamos. No recuerdo que Simón haya probado una gota de alcohol en toda la jornada.

Efectivamente, al final de la tarde fuimos a un juego de fútbol donde el equipo favorito era de Papa Doc, y ganaría o perdería el invicto, pero siempre seria el campeón…

En un elevado y solemne palco presidencial pude ver de cerca, vestido de negro, casi inmóvil, con los ojos que se detenían aquí y allá, recorriendo lo todo, la figura hierática rodeada por un imaginario halo de luminosa divinidad del President- a- vie, de la República de Haití, doctor Francois Duvalier que parecía dominarlo todo.

Mi anfitrión, por su elevada jerarquía, podía estar al lado de Papa Doc pero declino, como me dijo, por su vestimenta informal. Eso si, en un momento de pausa me llevó hasta donde estaba Jean Claude circunspecto pero más relajado y lleno de adolescente amabilidad y fina cortesía.

Las pocas palabras que musitó en perfecto francés no fueron captadas por mi pero todo su contorno físico era la de una persona adiestrada para altos designios. Lo que se cumplió solo meses después, para mi sorpresa y del mundo.

Jean Claude recientemente acaba de llegar inesperadamente con todos los permisos y pasaporte diplomático a Puerto Príncipe dizque «viene a ayudar.» ¿Será esto posible? O, todo lo contrario, a entorpecer aun mas.

Las opiniones que he concitado y mi propia reflexión me dicen que, no obstante su salida brusca, aunque sin impedimentos, en 1986 y sus veintinco años fuera de su país, Baby Doc, hijo de un superpoderoso y trascendente padre, puede ser un factor de aglutinamiento y de orden en el desolado y destruido país.

Cuando le dije al joven haitiano de 23 años que me vende víveres que «Baby Doc» estaba preso, me explico: «No, el vino para ser Presidente de Haití … » y ahora mismo, fue preso y después dejado en libertad con acquiscencia general, al menos tácita. La anterior Constitución  no inculpaba al Presidente sino a los ministros de las travesuras… Amnistía no lo sabe…

Coincido con la opinión de que tras un terremoto y la violencia del Cólera, introducir el factor político de las elecciones, fraccionantes por esencia, era un disparate que incrementaba el congestionado sistema nacional de Haití.

Pero si a esto se une el fracaso de los comicios electorales la situación se agrava. Se requiere un poder aglutinador desmesurado que disminuya la dispersión interna de la masa informe que es hoy el pobre pueblo haitiano.

En mi opinión, Jean Claude, con todo lo negativo que se le pueda achacar, fue símbolo de orden nacional. Aristide, de desorden. Todo lo posterior un descalabro: Minustah esta fuera de sitio desde sus orígenes.

La figura cuasi divina de Papa Doc todavía califica en Haití. Extrañado y apresado entre su propia inmadurez, el despilfarro ebrio de su consorte.

El Nacional

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