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Jóvenes enfrentan crisis  con la venta de frutas

<STRONG><BR></STRONG>Jóvenes enfrentan crisis  con la venta de frutas

SANTIAGO.   Decenas de jóvenes, desplazados de sus centros laborales por el cierre de esos negocios, como consecuencia de la crisis económica, han encontrado la forma de ganar dinero de forma honrada: vendiendo frutas y otros artículos en estratégicas esquinas de esta ciudad.

Antiguos empleados de las zonas francas, restaurantes, colmados y hasta un músico de acordeón forman parte de ese conglomerado que, a medida que pasa el tiempo, va sumando más integrantes.

El trabajo de vender piñas, lechosas, agua en botellas, melones, plátanos, guineos y tarjetas para hacer llamadas, se ha convertido en la tabla de salvación de esos jóvenes, afectados por los despidos masivos en sus anteriores centros de trabajo.

Los ofertantes de esos y otros productos son observados con mayor frecuencia en la antigua rotonda del ensanche Libertad, en la esquina que forman la avenida 27 de Febrero y la calle 41, de Las Colinas y en el semáforo que regula el tránsito en la autopista Duarte, frente a Leche Rica.

 De esos tres “centros de trabajo”, donde mayor número de vendedores se concentra es en los alrededores de Las Colinas. Más de 20 personas asedian a los ocupantes de vehículos cuando el semáforo de la esquina los obliga a detener la marcha.

El trabajo es arduo y casi siempre los vendedoresponen en peligro su integridad física , en vista de que prácticamente se lanzan sobre los vehículos sin que éstos hayan sido detenidos totalmente por sus conductores y todo con el objetivo de aprovechar lo más posible el tiempo que el semáforo permanezca en  luz roja.

Es un modo de ganarse la vida donde la experiencia en el negocio determina lo que se puede ganar un vendedor, quien usualmente oferta paquetes de frutas determinadas por 100 pesos.

En cada operación que realicen obtienen 20 pesos, pero a veces tienen la suerte de hacer ventas por encima de los 100 pesos, por lo que la diferencia económica es para ellos.

Fernando Contreras tiene como profesión acordeonista típico, con cuatro años tocando ese instrumento, pero “la liga se le puso dura” y decidió ponerse a vender piñas “porque no puedo dejar que mi familia se muera de hambre”.

Convertido en todo un veterano en esas lides, pues ya lleva tres años ofertando frutas en las calles, Fernando ha hallado la forma de resolver los problemas básicos de su casa, ya que en la noche regresa al seno familiar con un promedio de 700 pesos.

Geni Terrero es la parte opuesta, ya que apenas tiene cuatro días vendiendo lechosas en la 27 de Febrero con calle 41, en Las Colinas. Antes trabajaba en una traba de gallos, pero la gallera la cerraron y hoy se gana la vida en esos menesteres, ganando cada día entre 300 y 400 pesos.

Juan Carlos Vásquez, otro de sus compañeros, se había destacado en un negocio de comida rápida como un buen preparador de todo tipo de “sandwiches” a la plancha, pero la crisis económica se llevó de paro el negocio y hoy vende melones, lo que le reporta un promedio de 550 pesos cada día.

Fausto Domínguez y Eduardo Bueno también forman parte de los jóvenes de aquí desempleados por la crisis que abate las zonas francas.

En principio tenían vergüenza de que  los vieran, pero hoy realizan ese trabajo con dignidad y orgullo.

La crisis

A la debacle económica mundial no han escapado ni siquiera negocios que por décadas representaron el símbolo del poder político y económico de algunas potencias, como son instituciones bancarias, industrias automotrices y otras.

El Nacional

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