Opinión

Juicio a los jueces

Juicio a los jueces

El orden judicial ha sido zarandeado por una sociedad que todavía no le reconoce vocación de independencia ante otros poderes públicos, intereses políticos o fácticos, por lo que jueces y fiscales tienen un compromiso similar al conferido a la consorte del César, de ser y de aparentar.

La propia comunidad jurídica ha sido la que más severamente censura sentencias y dictámenes de jueces y fiscales, con acusaciones que van desde incompetencia, indiferencia, inobservancia hasta venalidad.

Al Poder Judicial se le imputa ahora incurrir en una extraña enfermedad denominada “populismo penal”, cuya característica principal es la de someterse y actuar conforme a la presión mediática, cuyos designios determinan el tipo de sentencia que pronuncian los tribunales y cortes.

Muchos abogados consideran alarmante que los jueces pronuncien 71 condenas de 30 años, durante los primeros seis meses de este año, y que de 27 mil reclusos, más del 60% tienen la condición de presos preventivos, aunque también se sonrojan cuando consideran que la sanción penal ha sido benigna.

Hace más de 56 años el orden judicial se liberó del tutelaje de tiranía, pero la convicción del juez quedó atrapada entre madeja de intereses políticos y empresariales, porque un magistrado le debía lealtad al legislador o funcionario que lo promovió al cargo o al empresario que financió su nombramiento.

No se niega que en las más de las veces los jueces hacen de Pilatos, cuando claques mediáticas los obligan a escoger entre Barrabás y Jesús o cuando retuercen el derecho y obvian el debido proceso para legalizar lapidaciones políticas o motivados por intereses corporativos.

Las sucesivas oleadas de reformas institucionales y jurídicas colocan hoy al juez y al fiscal en condiciones de alejarse de las presiones mediáticas o fácticas, de garantizar derechos procesales y de emitir sentencias en absoluta consonancia con la ley, por lo que es deber y obligación de los magistrados rechazar todas esas imputaciones, incluida la de promover populismo penal.

El sacerdote o pastor envía a través del sermón advertencia a los fieles de no incurrir en el pecado; el juez, por medio de la sentencia, advierte a la sociedad sobre las consecuencias que acarrea violar la ley. La sociedad está compelida a desalentar que intereses políticos, fácticos o mediáticos lapiden a los jueces.

El Nacional

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