Aristóteles decía que la más excelente de todas las virtudes, es la justicia, y Felipe II afirmó: Jamás cometí una injusticia a sabiendas. La justicia dominicana estrena novedosos jueces en la Suprema Corte de Justicia, Tribunal Constitucional y Tribunal Electoral con el apelativo de especiales o de excepción, respectivamente.
Los nuevos tribunales, sin lisonjas pero apegados a la realidad, gozan de nombradía, capacidad, sana imagen, moralidad, honradez, experiencia, y coincidimos con Roberto Gardella al decir: El Juez de la equidad es sencillamente el juez, nada más ni nada menos.
Del 1930 al 1962, el tercer poder del Estado era un estercolero, aunque existían jueces honestos, calificados, entre ellos algunos que gozan de salud y vida. El país, por cierto tiempo, estará viviendo en expectación, y ello es natural.
Es necesario continuar con una ingente promoción y prevención que experimente conciencia, conocimientos y que la ciudadanía sepa dónde dirigirse y qué hacer, hasta que designen un abogado, un orientador del estado a la parte verdaderamente afectada o a los imputados, pues el CPP, todavía no está diáfanamente comprendido en algunos aspectos.
En lo atinente a los deberes de los jueces, deben aclarar entre otros: Guiarse por el imperio de la ley, aplicar los principios libres de todo temor y de imparcialidad y resistir todo atentado a su independencia judicial.
La conferencia de Lagos, en Nigeria en 1961, sostiene que es indispensable que en toda sociedad libre regida por el imperio de la ley, esté garantizada la independencia absoluta del Poder Judicial. El Juez debe ejercer sus funciones libre de intromisión por parte de los poderes del Estado y también de sectores particulares y ciudadanos por igual.
En la sagrada misión de hacer justicia, señala Horacio Landy: el juez debe tener la fuerza moral necesaria para no adular a los poderosos ni inclinarse ante sus pretensiones sin someterse al deportismo ni humillar a los débiles.
El doctor Jorge Subero Isa, desde el 1997, sacó del lastre y podredumbre la antigua justicia con responsabilidad y el deber a tono con la frase de Carmen Silver: no hay más que una felicidad; el cumplimiento del deber.
La separación de los poderes fue concebida por Locke y Montesquieu como medio de limitar a los gobiernos, pues el poder frena al poder, escribía el autor de El espíritu de las leyes.
En la delicada misión de impartir justicia, lo más trascendental es la independencia interior. Auguramos muchos éxitos a los nuevos magistrados designados por el Consejo Nacional de la Magistratura.
La utilidad del concepto de la sinceridad va más allá de la vida, ya que deja las huellas profundas de la confianza más allá del recuerdo comprensivo de lo conceptual de esa virtud. A decir de August von Platen, la virtud propia de las almas excelsas es la justicia.

