Cuentan que la leyenda sobre el Rey Midas adquirió dimensión excepcional, por la enorme capacidad de transformar las cosas, y de inmediato, todo lo que era tocado se convertía en oro.
Entender el fenómeno de acumulación inexplicable que exhiben ciudadanos con vínculos de poder y ejercitantes de la actividad partidaria capaces de sustituir niveles de miseria por bonazas económicas indecentes.
Ajusticiado el tirano, ricos en el país eran pocos. Salvo reconocidas familias que pulularon alrededor del todopoderoso y siniestro generalísimo, una reducida cantidad de dominicanos asumían conductas de opulencia.
Uno de los elementos que desacredita la democracia en el país ha sido la capacidad de crecimiento asombroso de gente colocada en todos los partidos que nos han gobernado en los últimos treinta años. Esa movilidad social permite que personas sin destreza en el mercado laboral ni grandes dotes formativas asalten la escena pública para transferir en patrimonio privado una parte del presupuesto nacional.
El grave problema del descrecimiento en el modelo democrático nuestro radica en los niveles de complicidad de un aparato judicial que se torna lento frente a casos de corrupción asociados al poder político. Existen excepciones, pero la tolerancia conduce a muchos por los caminos de entender que nada pasa cuando se roba mucho.
Lo digo porque como resultado de la campaña diseñada en mi contra respeto a mi ejercicio gubernamental, he podido enterarme de las leyendas sobre hoteles en Cuba y acumulación patrimonial inimaginable. Afortunadamente, el tiempo pone las cosas en su lugar.
En todos los partidos tenemos referentes de personas que llegaron al ejercicio público con una situación financiera buena. En el PRD de los 60s, los Secundino Gil, Manolo Fernández, Antonio Guzmán y los Brea Peña eran ciudadanos de una acumulación buena para la época, pero tanto su conducta como los hábitos de aquella coyuntura no permiten excesos. Posteriormente, los Jacobo Majluta, Hipólito Mejía, Camilo Lluberes, José Rafael Abinader, José Antonio Najri y Miguel Vargas se destacaron en sus actividades profesionales para alcanzar éxitos financieros.
Para los años en que Juan Bosch renuncia del PRD y funda el PLD, pocos eran conocidos por su desarrollo empresarial. El partido morado en sus inicios contaba con jóvenes profesionales y gente de reconocida solvencia en el magisterio y en la vida partidaria. No obstante, el arquitecto Eduardo Selman y Miguel Feris Iglesias eran los únicos peledeístas con dinero.
La nueva camada de peledeístas ricos eran Diandino Peña, Víctor Díaz Rúa, Juan de los Santos y excluyo al señor Luis Miguel Bonetti porque su declaración jurada de bienes llega a 12 millones de pesos. LO que me resulta extraño es cómo una parte de los dirigentes del partido de gobierno pueden exhibir esas riquezas convencidos de que la sociedad no percibe con desenfado su opulencia y acumulación vertiginosa.
Podrán tener toda una estructura mediática a su servicio, pero decía mi abuela Mariana Horacio que el amor es ciego, pero los vecinos no. En el pueblo llano corren, no rumores aviesos, sino evidencias de casas, apartamentos, in versiones y desarrollo de proyectos que en su momento serán piezas de escándalo. El Presidente debe cuidarse de gente que no parece tener límites.
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