Un monumento histórico y de fe, visto con la óptica detallada de una novelista y poeta dominicana, muestra misteriosos aspectos que ojos cotidianos, no perciben
Angela HernánDEz
ESPECIAL PARA SEMANA
GRANADA. España. ¿Cuál atractivo particular tiene este monumento para que se haya transformado en uno de los hitos arquitectónicos-turísticos más visitados de España, con dos millones 310 concurrentes solo en el 2011?
Se trata de mucho más que una de las ofertas de mercadeo de la marca turistica Granada. Estar aqui, dejarse embargar por el vinculo invisible de su lenguaje espacial e histórico, constituye una experiencia que no tiene relación con las notas de viaje.
Este monumento habla. Deja sentir unas miradas, un silencio, otra naturaleza del silencio, tras el cual tal vez puedas, escuchar suspiros desde las más profundo regiones del alma de hombres y mujeres. Un fondo donde se entretejen amor, contienda, cautiverio, asentamiento, destierro, engaño, verdad, melancolía, exaltación, oscuridad, danza, luz, agua fluyente…
En innumerables líneas y en cientos de versos ha quedado grabado este pálpito. «Solo Dios es vencedor», reza uno de ellos.
El respeto, la reverencia, la meditación, el anhelo insuperable del amor, la sed de Dios, la sed de vínculo, el extravío, las muchas apariencias de la rebeldía y la pasión, el sentido más recóndito del arte… Cuando se ve todo esto en un logro de una cultura específica, está uno ante una lección sobre la pluralidad y la comunión que cruzan todas las culturas que definen el perfil de la humanidad.
