La anorexia es un trastorno alimenticio y nervioso, también un concepto errático sobre la imagen personal de las personas, que pone en peligro la salud de adolescentes y adultos, que son los que mayormente tienden a padecerla.
No es una enfermedad exclusiva de algunas personas ni de miembros de una clase social.
Es un trastorno de efectos adversos a la bulimia, que igualmente es un trastorno alimenticio y psicológico, con la diferencia de que el anoréxico restringe la alimentación y el bulímico come en exceso.
La anorexia tiende a manifestarse con más frecuencia entre adolescentes y adultos, con mayor repercusión entre las mujeres, debido a las actitudes y pensamientos negativos hacia sí misma o hacia su cuerpo.
El carácter de quienes la padecen cambia y la persona se va mostrando más susceptible, más irritable y ansiosa, con cambios bruscos en su estado de ánimo, perdiendo el interés por lo que le rodea.
Aparecen trastornos como la depresión, la ansiedad, la fobia, o pensamientos obsesivos, rituales y compulsiones.
De ahí la necesidad de que quienes sufran de anorexia sean tratados por un especialista de la conducta, además de un endocrinólogo y un nutricionista.
En esto juegan un papel importante los padres, la familia y su entorno.
El anoréxico se vuelve lento al comer, hace brotar comida en el plato o el recipiente en que come, la manosea, se pesa con frecuencia, palpa de forma repetida partes de su cuerpo y se ve constantemente en el espejo, además de que acumula informaciones sobre recetas y contenidos nutricionales.
Una vez que baja el peso deseado, el anoréxico pierde el control y quiere seguir reduciendo, pues habrá una parte de su cuerpo que para él todavía no está delgada.
Los anoréxicos tienden a pesar un 15 por ciento menos de su peso corporal normal y si continúa sin alimentarse llegaría a sufrir niveles de desnutrición agravados que requerirían su hospitalización urgente en momentos determinados .
Cómo tratarla
Los especialistas sugieren tratar con sumo cuidado a los pacientes, debido a que psicológicamente podrían afectarlos y llevarlos hasta a la depresión con la peor de las consecuencias.
Tan pronto los familiares detectan la anormalidad alimenticia o conductual, deben buscar la asistencia de profesionales sin que la persona perciba presiones.
Los nutricionistas y endocrinos inician el tratamiento del paciente induciéndolo a la alimentación para disminuir la desnutrición y durante ese proceso puede sufrir molestias estomacales y digestivas, por la costumbre de ingerir pocos alimentos.
En la mujer, cuando se restablece el hábito alimenticio, comienza a regularizar su situación menstrual.
Logrado esto, entonces debería iniciarse el tratamiento psicológico, para eliminar los conceptos erróneos sobre comer, alimentarse y la figura corporal, así como sobre la autoestima y el desarrollo de actividades sociales y de comunicación.
La familia juega un papel muy importante tanto en la detección y tratamiento del paciente, ya que es quien debe estar al pendiente de sus integrantes y dar la voz de alarma cuando halla indicios de la enfermedad, y su participar en las terapias.
Síntomas
Percepción del cuerpo en forma distorsionada, sintiéndose gorda cuando no lo está.
Suspensión de la menstruación (amenorrea).
Ingesta progresivamente baja de alimentos, reducción de peso y evaluación de la figura.
Baja autoestima y autodevaluación.
Tristeza y depresión recurrentes; sensación de vacío y de pocos logros.
Desmotivación e incapacidad de disfrutar de placeres.
Aislacionismo y deterioro en las relaciones familiares e interpersonales.
Disminución en el deseo y la actividad sexual; ansiedad, nerviosismo e irritabilidad.
Mala salud física: infecciones respiratorias, mala digestión, dolor de cabeza y espalda; dificultad para concentrarse.
Sensación de frío constante, resequedad de la piel, caída del cabello, aparición de vello fino.

