Opinión

La brujas de Macbeth

La brujas de Macbeth

Ramón Rodríguez

El genio de William Shakespeare brindó a la humanidad obras imperecederas que hoy en día convulsionan a este mundo desbocado como dijera Anthony Giddens. Este monstruo de la naturaleza, con el perdón de Lope de Vega, lo trató todo. En «Romeo y Julieta» nos muestra la fuerza del amor por encima de odios malignos. En «Hamlet», le dio categoría a la duda como elemento de búsqueda de soluciones. «En el Mercader de Venecia» expone categóricamente lo deprimente de la avaricia en el nauseabundo personaje de Shylock. En fin, todo lo escrito por Shakespeare ha perdurado en el tiempo como temas aleccionadores.

Así como en la Iliada y en la Odisea los Dioses toman el comando de la suerte de sus actores, en Macbeth, las brujas que aperturan la obra, conducen a los hombres a una de las traiciones más conmovedoras. El análisis es interminable: ¿son culpables las brujas que con palabras engañosas motivaron el crimen de Duncan o fueron los criminales victimas de sus ambiciones desmedidas en una búsqueda afanosa de gloria y poder desmesurados? No lo sabemos, Lo indiscutible es, que todas las aguas de los oceános no pudieron limpiar la sangre de tan reprochable ambicion.

En la política dominicana, también aparecen las sombras de aquellas brujas que sembraron espinas en un huerto de rosas. Excepto Luis de León y su Fuerza Boschista que insisten en el diálogo de sus líderes: Danilo y Leonel, todos apuestan a un díscolo enfrentamiento, cuyos resultados resquebrajarían los cimientos de la obra maestra de don Juan Bosch, entidad política, vital para la democracia dominicana.

Quizás aparezcan brujas más consecuentes con el futuro del país y la estabilidad política que se requiere y digan: «Salve Danilo, Salve Leonel. Salve Leonel, Salve Danilo. Han sido muy afortunados. Ninguno de los dos ha alcanzado el cielo por asalto, ambos han trabajado colosalmente y muy merecida es su gloria. pero al preferir el enfrentamiento al diálogo, se alejan de las enseñanzas de su maestro y una densa sombra tenebrosa se cierne sobres sus cabezas febriles, en momentos que se requiere reflexión.

Salve Leonel, Salve Danilo, Salve Danilo, Salve Leonel. Ambos parecen ser juguete de la historia y están llamados a sufrir la torpeza de dividir al PLD, enarbolando infantiles argumentos y mostrando actitudes, contrarias a las que enseñó el prócer Juan Bosch.»

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación