Opinión

La cultura en ayunas

La cultura en ayunas

Recorrimos la Plaza de la Cultura en ayunas. Privados completamente de comida y bebida, ambos estábamos, la Plaza y yo, aptos para la requerida muestra del análisis con las observaciones de lugar.

El calor amenazante de una mañana que muy temprano había perdido la frescura, mandaba, más bien, a caminar despacio.

Y nos invitaba a refugiarnos en el bosquecito que guarda la Cinemateca y el Café. De las pocas cosas en este lugar que aún funcionan de manera sana, plenamente aprovechables.

A la fachada del Teatro Nacional le falta poco para convertirse, toda, en una pancarta publicitaria.

Ocultada tras cartelones y empapelados promocionales, parece avergonzarse de su grandiosidad. Como si el arte pudiera conciliar con los ruidos y gritos representados de tal forma.

Una frase del presidente Leonel Fernández, en enormes letras doradas, promete asociar la cultura al progreso. Sin embargo, el recorrido fue frustratorio, a no ser por algunos puntos luminosos.

Aquello de Patrimonio Cultural de la Humanidad, nos suena hueco.

El café Maniquí se pierde, reducido a una soledad insalvable, en un pabellón antes limpio, funcional y hermoso, sede de memorables acontecimientos artesanales y arquitectónicos.

Cruzas al frente y no tienes más remedio que llorar inconsolablemente en la pequeña plaza Fabio Fiallo. Como si su descuido no fuera suficiente,  le han colocado al lado un espantajo de mal gusto. Y pensar que ha sido sacrificada un área verde tan hermosa para levantar esa porquería.

Las huellas de la Feria del Libro están marcadas en unos letreros ridículos, pintarrajeados de azul y amarillos chillones,   con fotos y perfiles de escritores dominicanos. Igual, en la gran cantidad de basura esparcida por todas partes, árboles cortados y arrancados. Gramas y arbustos maltratados.

Por lo visto, no todo esta perdido.   Unos niños montan bicicleta y practican sourfin. La Biblioteca Nacional en expansión promete iniciar un proceso de renovación para rescatar un sitio tan valioso. Un grupo de muchachos estudian en las escalinatas del Teatro Nacional.

La Galería de Arte Moderno deja ver una lavadita de cara que reclama una mayor atención,  en medio de vetustos museos sin esperanzas, sometidos durante décadas  a un  irremediable proceso de extinción.

El Nacional

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