La invasión pacífica haitiana a nuestro país es menos peligrosa que la que han hecho muchos improvisados jóvenes dominicanos a la radio y a la televisión domésticas, pues en la de los extranjeros vecinos hay personas que dominan hasta tres idiomas, mientras que en los del patio nos encontramos con homicidas del lenguaje que con una puñalada trapera dejan tendido el idioma castellano, sin que las autoridades competentes, en este caso incompetentes, siquiera se inmuten ante tan lastimosa tragedia.
Basta con que cualquier sin oficio se dedique a llamar a la radio interactiva con asiduidad, para que en breve tiempo sea llamado por el director de marras a que se una a sus compañeros de planta como miembro del «staff» poniendo un sus manos el micrófono, un arma letal cuando a través de ella se mata la identidad de un pueblo, que es la lengua, e irrespetan a los que acudieron a la academia a obtener el derecho, con sacrificio y entrega, de usar la radio y la televisión como medio de sustento.
El artículo 79 de la ley de Espectáculos Públicos y Radiofonia obliga a los que hablan por la radio y la televisión a difundir la cultura y mantener la pureza del idioma castellano, pero nos encontramos con espacios cuyos integrantes se indigestarían si osaran ingerir una sopa de letras.
¡M…………¡ Se comen las eses, que es el plato fuerte servido en la mesa de la desfachatez, sin la esperanza de que regurgiten, meten la cuchara en todo, sin ningún arrepentimiento y se lavan luego las manos y se manchan orondos, como «si la hubieran comido».
Ahora cualquiera penetra a la radio como si fuera a una letrina, se sienta en el cajón de la desvergüenza y defeca sobre la honra de la gente, sin que la entelequia que llaman EspectáCulos Públicos y Radiofonía limpie con el papel en el que están escritos sus reglamentos, la asquerosa fealdad en que se han convertido muchos programas interactivos en la radio, que manejan incapaces desconocedores de la misión de educar, orientar, informar y alegrar de un medio de comunicación tan importante para la sociedad.
Cuando una persona de respeto acude a un interactivo, se activa el irrespeto hacia el invitado, olvidando los conductores esa condición de invitado, y muchas veces la fuerzan a respuestas indeseadas, solo para subir el «rating», que parece ser la misión principal de estos programas.
Cuando decimos que los que se quieren convertir en graciosos buscando hacer reír con procacidades y lastimando el idioma castellano son parte de la degradación social que sufre la República Dominicana, se apandillan, se sublevan y se convierten en un tsunami en las redes sociales que intenta arrastrar y demoler a quienes adversan sus posiciones y sus ideas.
Es la propia degradación la que le permite llegar a los medios electrónicos sin ningún tamiz ni regulación, lo que da pena y vergüenza. Uno ve y escucha por la TV a personas que comunican menos que los animales, y como la impotencia nos atraganta, cualquiera se aTORA.

