Opinión

La ley es la ley

La ley es la ley

El ilícito penal admitido por el consorcio brasileño Odebrecht se erigió en primer término en práctica desleal de comercio, por cuanto la empresa incurrió en pagos de soborno a funcionarios o gente influyente para obtener ventajas o privilegios en procesos de licitación o adjudicación de obras públicas.

Entre los crímenes y delitos a la cosa pública, el soborno o cohecho es el más recurrente entre empleados y funcionarios del Estado, al punto que el ciudadano asume como normal dar u ofrecer dádivas a cualquier servidor público por realizar una diligencia atinente a cargo.

Para evitar que ese ilícito trastorne las actividades empresariales o de inversión, el legislador reforzó el artículo 177 del Código Penal, que sanciona esa infracción, con la Ley 448-06, del 8 de diciembre de 2006, que considera reo de soborno tanto al que exige como al que ofrece soborno.

El artículo 6 de esa Ley señala que en los casos en que el sobornante sea una persona jurídica será condenado por un período de dos a cinco años al cierre o intervención y a una multa del duplo de la recompensa ofrecida, además de que el representante de la empresa podría ser sancionado a pena entre cinco a diez años de reclusión.

Los funcionarios o cualquier persona física que haya incurrido en soborno también sufriría pena de hasta diez años de cárcel, lo que indica que la ley de referencia es drástica, puntual y clara, para que ningún imputado alegue ignorancia.
Todos los servidores públicos deberían leer muchas veces el apartado del Código Penal que refiere los Crímenes y Delitos perpetrados contra la Cosa Pública, para que en caso de violación a la ley, estén conscientes de las penas aflictivas e infamantes que sufrirán.

Los niveles de desarrollo económico e institucional que ha alcanzado la sociedad dominicana, obliga a gobernantes y gobernados a abandonar el estado semi-salvaje de anarquía jurídica e incumplimiento de la ley, por lo que todos los ciudadanos, sin importar rango social o político, deben ajustarse a la ley o sufrir las consecuencias.
Al Ministerio Público y al orden judicial les corresponde investigar, juzgar y condenar, de conformidad con el debido proceso y la presunción de inocencia, pero con la debida y justa penalidad, a todo aquel que incurra en violación de la ley.

El Nacional

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