Miguelina Terrero
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Que los jefes no son los que más motivan a los empleados, es lo que dice la mayoría de la gente. Y lo cierto es que muy pocas personas podrían mencionar a su jefe como su mejor consejero, pese a que debería ser un líder que sepa guiar y no sólo pedir.
Michelle Campillo, experta en liderazgo y coach de equipo, afirma que la poca motivación mata al trabajo porque merma la capacidad creativa del ser humano, disminuye el sentido de urgencia, debilita el compromiso y evidentemente impacta negativamente en la productividad del ser humano.
“Cuando estamos motivados somos capaces de convertir cualquier obstáculo en oportunidad, cualquier amenaza en fortaleza y el entusiasmo hace posible que cosas grandes sucedan”, dijo Campillo, quien es además coach y speaker de John Maxwell y presidenta de Foko Consulting.
Bajo este modelo el empleado alcanza su máximo potencial porque siente confianza y respaldo en su lugar de trabajo.
Lo que hace
un buen líder
Michelle Campillo resume las cosas que debe hacer quien se considere un ben líder:
– Un buen líder garantiza mayor entrega de sus equipos. Se involucra y camina con su gente, crece con su gente, conquista con su gente y es parte de su gente.
– El reto del líder es observar, identificar el genio detrás de la persona y dar muestras de que sabe acompañar.
– Si como jefe quieres involucrarte en liderazgo, es necesario entender que hay diferencias y muchos niveles de creatividad.
– Como líderes hay que ser responsables de fortalecer la capacidad creativa de nuestra gente y para esto “no dar la respuesta” y enseñarles a descubrir alternativas, empoderarlos para que tomen decisiones y darles un voto de confianza, sin cultivar miedos de ser castigados por cometer errores.
– La ansiedad, producto de querer tener todo bajo control, con una disciplina indiscutible, es el peor enemigo del líder. Además, esos estados negativos producen enfermedades.
Retos continuos
El jefe que tiene aspiración a considerarse líder debe retarse continuamente, y hacer esa misma práctica con su gente. Ir hacia lo desconocido atemoriza, pero esa sensación cambia si el superior transmite confianza.
Las prácticas para promover un ambiente de más arrojo, y menos temor, pueden ser muy sencillas: impulsar al empleado para que tenga un espacio para proponer ideas, donde no impere la crítica o castigo.
El objetivo de estas dinámicas no es, de principio, dar seguridad, sino que la persona se atreva a dar el paso.

