Opinión

La prensa en la crisis

La prensa en la crisis

Al menos los periódicos estadounidenses han sido fuertemente castigados por la devastadora tormenta financiera que azota a Wall Street. Ni el emblemático The New York Times, considerado buque insignia de la flota del buen periodismo, ha escapado al tsunami que ha sacado a relucir escándalos tan siniestros como la estafa de Bernard Madoff.

¿Hasta dónde esa prensa, que  se había caracterizado por su independencia y competitividad, no tiene su cuota de culpabilidad en esa crisis? Esa es una de las muchas interrogantes, pues hay que ver si en algún momento, en lugar de hurgar sobre las operaciones de un Madoff, lo que hacía era bañarlo en incienso, endiosarlo.

Después del escándalo Watergate, que determinó la renuncia de Richard Nixon de la Presidencia de Estados Unidos, el poder no ha sido óbice para la prensa. Sin embargo, a raíz de los criminales atentados del 11 de septiembre de 2001 la tenacidad y profesionalidad del periodismo dejó de ser la misma. El conservadurismo o la alianza con el poder político puede que incida en una crisis que se la pone más difícil todavía al periodismo tradicional.

A diferencia de otros tiempos los periódicos no tienen únicamente como rivales a la televisión, que suele transmitir al instante los acontecimientos más impactantes, sino a los blogs y a la prensa digital. La transformación de impreso a digital del Seattle Post-Ingeligencer, un periódico que tenía una tirada diaria de 100 mil ejemplares, retrata no sólo la dimensión de la crisis sino la incidencia de los medios informáticos.

El panorama de los medios estadounidenses es tan sombrío que la empresa McClatchy, propietaria de The Miami Herald, anunció que planeaba eliminar 1,600 empleos este año para capear la disminución de ingresos y la profunda recesión. Ya los propietarios de otros 33 diarios estadounidenses, entre los que figuran los influyentes Chicago Tribune y Los Angeles Times informaron que estaban en bancarrota. En Colorado, un diario con 150 años tuvo que despedirse de sus lectores.

El detonante ha sido la crisis económica, pero el mal periodismo, ese que ha relegado la ética, el compromiso con la verdad, que fiscaliza el ejercicio del poder y que es capaz de informar, orientar y deleitar, ha tenido mucho que ver con la tormenta que se cierne sobre la prensa estadounidense. En definitiva el oprobioso silencio que ha observado frente a los grandes escándalos.

Figuras como el lingüista Noam Chomsky han advertido en torno a la homogeneidad de la prensa tradicional, sobre todo a partir de la guerra contra Irak. Como si se tratara de un fenómeno que se repite en base a un esquema trazado por alguna agencia de relaciones públicas sorprende que tanto en Estados Unidos como en muchos otros sitios el periodismo es el mismo.

Madoff, así como otros grandes santurrones, actuó siempre con la más absoluta impunidad, sin que ningún periódico sintiera la más mínima curiosidad en hurgar en sus operaciones. No necesariamente, pero puede que la crisis económica que ha llevado a la quiebra a periódicos importantes y tiene a otros tambaleándose sea resultado de la renuncia a una historia que engrandeció el periodismo estadounidense. El sombrío panorama hay que verlo como un claro síntoma de lo que significa para un periódico renunciar a su responsabilidad social y profesional para callar o defender intereses espurios.

l.casanova@elnacional.com.do

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