El Ministerio de Medio Ambiente y el Instituto de Recursos Hidráulicos (Indrhi) tendrán que darse una vueltecita por Cotuí para determinar las causas de la disminución del caudal de la presa de Hatillo.
Los que han dado la voz de alerta son los productores arroceros, quienes aducen que además de la sequía la reducción del caudal se debe a que la minera Barrick Gold sustrae del embalse más agua de lo debido. La denuncia debe investigarse y, por supuesto, adoptar las medidas correspondientes.
Ya la Academia de Ciencias había expresado su preocupación por las amenazas contra la presa, entre las que citó las operaciones de la empresa minera, la deforestación de las cuencas de los ríos Yuna y Limón, la disminución acentuada de los caudales que la alimentan, la sedimentación y los vertidos de pocilgas y granjas, entre otros.
Puede ser muy cíclico que el nivel de las aguas aumente y disminuya, pero las causas que se exponen en esta ocasión van más allá de lo propiamente atmosférico. Y por tanto no se les puede sacar el cuerpo.

