Me identifico a plenitud con la iniciativa que promete implementar la candidata del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Ello porque somos residentes de una circunscripción, la 3, que crece de forma horizontal con niveles de desorden.
Aprovechando el Plan de Ordenamiento Territorial, aprobado por el Consejo de Regidores, Carolina Mejía ha expresado públicamente que está dispuesta a descentralizar el ayuntamiento con la creación de delegaciones o minialcaldías, las cuales serán conducidas por dirigentes sociales y comunitarios de las diferentes circunscripciones del Distrito Nacional.
Desde ya esta iniciativa es saludable por la importancia que tiene para los munícipes de los barrios de la capital.
Es tan viable que ella la presenta con lujo de detalles, porque en verdad el ayuntamiento es una institución de servicios y como tal, atender a la gente cerca de su domicilio, escuchar lo que en su día a día pasa y que no tengan que venir desde su barrio a resolver un problema a la Feria.
La Circunscripción 3 posee casi un millón de personas viviendo en la orfandad porque no tiene autoridades, a pesar de contar con siete diputados y más de una decena de regidores.
El espacio que ocupa esta demarcación necesita ser elevado de categoría para que sus residentes reciban mayor atención.
Cada cuatro años en esta demarcación se deciden las elecciones para las autoridades que rigen la nación, porque tiene más electores que cinco provincias juntas de la región sur y que las cuatro de la Línea Noroeste, sin embargo no tiene derecho a elegir las suyas. Su gente vive como las sardinas enlatadas, un espacio pequeño con gentes amontonadas.

