Opinión

La sociedad dominicana requiere una actitud moral distinta a prácticas actuales

La sociedad dominicana requiere una actitud moral  distinta a prácticas actuales

¿Cómo podemos recuperarnos? A pocos años de concluida la segunda gran guerra, el mundo Occidental decidió acogerse a este ejercicio. Los pueblos –no solamente los integrantes de naciones comprometidas por uno u otro lado con el conflicto-, sino todos, estaban llamados a la reflexión. Y a un cambio moral.
De llamados a la conciencia de tal tipo, surgió el “acuerdo del acero y del carbón” en 1951. En realidad, este pacto se dirigía al órgano supranacional más tarde denominado “comunidad europea” y actualmente llamado Unión Europea.

También de estas reflexiones surgieron reformulaciones de la Liga de Naciones convertida en Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de la Unión Panamericana desde entonces remozada como Organización de Estados Americanos (OEA).

El pensamiento filosófico también se volcó hacia estas reflexiones. Paul Claudel, escritor francés, decidió pedir a varios filósofos no solamente galos como él, unas ideas sobre cuanto podía esperar la humanidad en el futuro.

Al menos, en el futuro inmediato como seguridad de años de convivencia y paz. Aunque también, años de renegación de la perversión y el mal como los auspiciados por figuras relevantes aliadas a Adolfo Hitler.
Y por algunos de los jerarcas de ese régimen, convertidos en investigadores y científicos a partir de la conversión de seres humanos en conejillos de indias.

Logró Claudel reunir escritos de Jacques Maritain, Henri Gouhier, R. P. Bouyer, R. Padre George Florovsky (de la Iglesia Ortodoxa Rusa), Maurice de Gandillac, Pastor Jean Bosc (de las Iglesias de los Hermanos Cristianos Separados) y el mismo Claudel, entre otros.

La versión en idioma español de aquellos escritos salió a la luz en 1959, bajo el título “El mal está entre nosotros”.

Claudel escribió un muy breve pensamiento introductorio. Dijo entonces y todos podríamos suscribir hoy estas ideas:

“Si el amor entre los hombres no fuera una vana retórica, si el cristianismo se practicase hoy sinceramente, puede asegurarse que la faz del mundo cambiaría de la noche a la mañana y la mayor parte de los males que afligen y degradan a la humanidad desaparecerían.

“La responsabilidad del cristiano es enorme en este momento crucial del mundo.

“Del cristiano depende en gran parte que nuestro mundo se incline hacia el materialismo o que sea verdaderamente cristiano. El cristiano debe pensar a tiempo esa responsabilidad”.
Ocurre, empero, lo contrario. Como lo expresa Marcel en el ensayo incluido en la obra citada, se ha recurrido al envilecimiento de la gente.

Aquello que sostiene, escrito hace más de sesenta y cinco años, puede reproducirse hoy sin tachaduras. Porque a través de recursos diversos y no sólo de los medios de comunicación social, se procura el envilecimiento de la gente.

A veces, dice más de uno de los autores de esta especie de antología, ese envilecimiento se fomenta desde la miseria material de las gentes.

Marcel reproduce declaraciones de una sobreviviente del campo de concentración de Ravensbrück, establecido en las cercanías de la ciudad de Fürstenberg, al Norte de Berlín.

Conforme el relato de la señora Jacqueline Richet, las fuerzas a cargo de ese campo “explotaban todas las cobardías, excitaban todos los celos, suscitaban todos los odios. Era menester hacer un esfuerzo diario para conservar la integridad moral”.

Uno de los recursos utilizados era proveer de alguna forma de favor especial a quienes se prestaban a los actos descritos por esa sobreviviente.

¿Y qué eran esos favores especiales? Insignificancias. Desde ser sacados del campamento para servir en la vivienda de uno de los jefes del campamento o para escapar de las diarias golpizas y los trabajos forzosos.
Decía la señora Richet, y Marcel cita en su escrito: “… lo más grave eran las mezquindades a que descendían las menos firmes de nosotras (y) …ante el hambre se asistía a descensos lamentables”.

¿Acaso no se contempla esto mismo, desde otra perspectiva, en estos tiempos?
Por eso hago el pedido para que nos inclinemos, cada quien, hacia indispensables períodos de observación. Y que nos dispongamos, desde nuestra comunidad familiar, a servir de ejemplo a los demás para recuperarnos.

El ideal, por supuesto, sería contar con otros ejemplos, desde instancias que por su ubicación en la pirámide social y de las estructuras de dominio, fuesen mucho más convincentes. Más no creamos aquello de que una golondrina no hace verano.

Ella sola no transforma la temporada. Con todo, sirve de anuncio cuando ya se acerca ese verano.

El Nacional

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