Las grandes crisis de la humanidad han sido solucionadas en el marco de negociaciones; ni siquiera las guerras mundiales fueron resueltas definitivamente con la violencia.
Previo a eso vemos que las disputas territoriales entre España y Francia por la posesión de esta isla, tuvo que resolverse a través del Tratado de Basilea. Las armas ni los tribunales internacionales sirvieron para nada.
El conflicto entre Israel y Palestina no ha podido resolverse, a pesar de que los israelíes han contado con todas las herramientas legales e incluso la fuerza militar.
En República Dominicana no estamos exentos de eso y la historia así lo demuestra, tal es el caso que en más de una coyuntura la gobernabilidad de la nación ha sido el resultado de acuerdos entre políticos y la sociedad civil.
En el argot político, a ese tipo de acuerdo comenzó a llamársele de manera despectiva de aposento, pero salvó muchas situaciones incómodas para el sistema de partido y la débil democracia que aún tenemos.
Al parecer en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no se vislumbra otra situación que no sea un acuerdo político, al margen de los estamentos jurídicos, que además han evidenciado vicios en sus decisiones.
Cuando una crisis en una sociedad o entidad en particular tiene un origen político, hay que buscar una solución en esa línea, porque cualquier otro camino sólo llevaría a soluciones transitorias.
El PRD es un buen activo como sostén del sistema político dominicano e incluso al mismo PLD le favorece que haya una organización del nivel del partido blanco, porque eso permite una especie de contrapeso.
Imagínese este país con un solo partido. ¿Qué pasaría cuando el degaste lo lleve a perder la plataforma social. Cuando la gente no tenga alternativas electorales, cuando sienta la esperanza esfumada? Ojalá eso no ocurra, porque perderíamos todos, sin dejar de recordar que más de cuatro millones de dominicanos no tienen nada que perder.

