Opinión

La tragedia de Juliana

La tragedia de Juliana

Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com

 

A Juliana Deguis Pierre le sorprendió la tragedia en medio de sus afanes como trabajadora doméstica. Sentirla, la hizo salir huyendo a buscar los abogados que le ayudaban a recuperar el acta de nacimiento que, de forma abusiva, le retenía la JCE bajo el ignominioso alegato de que, por el color de su piel y lo extraño de su nombre, debía ser haitiana.

Estaba gestionando la cédula de identidad y electoral que, como nacional de este país, legalmente le corresponde y, lejos de obtenerla, le conculcaron su acta de nacimiento. Así comenzó su calvario.

Los abogados le informaron que una sentencia le arrebató su nacionalidad y la remitía ante las autoridades haitianas para que le concedieran la de sus padres. Eso removió los resortes de su indignación y bajo ese estado retornó al trabajo por el cual devengaba RD$6,000.00 mensuales.

Su empleadora la recibió expulsándola de su casa y, para colmo, no le pagó los días trabajados después del último salario. Al llegar al batey donde “reside”, se refugió en sus 4 hijos, a quienes abrazó para compartir con ellos, sin hablarles, la rabia que le embargaba, sin sospechar que su infortunio recién comenzaba.

 

Juliana apenas ha salido del entorno de la pobreza donde creció; de Haití solo conoce que es un lugar remoto y ajeno donde nació su padre

Al otro día de su hecatombe, a sus niños los botaron de la escuela por no tener actas de nacimiento. Al ella no haber podido sacar su cédula, no los había declarado. De pronto, Juliana Deguis Pierre, ciudadana dominicana por haber nacido en tierras quisqueyanas; hija de un nacional haitiano traído al país por el Estado, residente por más de 40 años, provisto de una tarjeta como trabajador azucarero, quien la declaró sin ningún inconveniente, a quien le entregaron el acta de nacimiento de su hija, le informaban que ni ella ni sus hijos eran dominicanos y que debía marcharse al oeste si pretendía ser dotada de una nacionalidad.

Juliana apenas ha salido del entorno de la pobreza donde creció; de Haití solo conoce que es un lugar remoto y ajeno donde nació su padre, del que salió contratado para trabajar en esta nación mucho antes de ella nacer. A ese lugar desconocido, del que no habla la lengua de sus nacionales, donde no conoce a nadie, del que no tiene documentación, la están enviando para que, algún día, pueda decir que pertenece al territorio de donde le parece a los jueces del tribunal constitucional dominicano que ella es. ¿Cómo se llama la tragedia de Juliana?

 

El Nacional

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