Opinión

Las líneas aéreas

Las líneas aéreas

¿Quiere usted sentirse totalmente despojado de sus derechos como humano y a merced del buen o mal humor de un grupo de personas?  Súbase a un avión en estos días  y entenderá cómo, cualquier detalle,  hasta el cansancio, puede echarle a perder un viaje. Si  ha pensado de inmediato en líneas aéreas, tiene razón.  No hay tortura mayor en estos días que subirse a una línea aérea porque, como en el sindicalismo, si  no hay un movimiento de usuarios que proteja sus derechos, usted está a merced de las compañías  y ellas nada devuelven, nada otorgan y nada entienden.

Hace un par de años, una joven publicista me comentó sobre un  proyecto que quería a someterle a American Airlines por su aniversario.  Le dije: “Si American quiere congraciarse con sus clientes, debe reconocer las necesidades especiales de las mujeres con niños y niñas pequeñas.   ¿Qué le cuesta, por ejemplo, distribuirle a cada pasajera en esa situación una fundita con juguetes y lápices y papel de colores? ¿Y qué le cuesta una pequeñísima dieta especial, una compota de manzanas por ejemplo, para  complementar el sándwich que ahora tienes una que comprar por diez dólares?

Lo curioso es que, mientras suben el precio de los tickets, reducen los servicios.  He visto a personas ancianas  prácticamente llorar, porque no entienden el sistema electrónico de los tickets con los cuales las líneas están tratando de sustituir personal.   Si a veces no saben utilizar una máquina de escribir, ¿cómo se pretende que puedan utilizar esas máquinas? 

Cuando una viaja, quiere encontrar en el aeropuerto a una, o un, amable interlocutor que contribuya a  reducir las tensiones que provoca viajar:…no olvidar la documentación, el dinero, no pasarse de peso en las maletas…y hablando de peso en las maletas…

Antes, si  se pasaba de libras su equipaje, le cobraban por las libras en exceso.  Ahora, aunque su maleta tenga solo dos o tres libras de más, cae en otra categoría, y usted, a menos que se ponga como loco o loca a desarmar su maleta,  termina pagando cien dólares por algo que no costó ni veinte.  Así terminé  pagando en American US$239.00, ¡un pasaje! porque no llevaba un maletín de mano donde poner los libros que habían provocado que mi maleta pesara  26 ¡y no 23 kilos!

¡239 dólares!   Es que entra en otra categoría, y usted o los paga o no se va…

Es usted muy amable, jovencita…. Reglas son reglas, Doña, y es a mí que me botan.

Han pasado muchos años desde que nos recibía en el aeropuerto una sonriente dominicana y entrábamos a la cabina a ritmo de merengue y sonriendo: ¡Ah, comienzo a llegar a casa!  ¿Qué gobierno nos devolverá  Dominicana de Aviación?

El Nacional

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