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Late crisis en PRM

Late crisis en PRM

Rafael Méndez

El presidente Luis Abinader, al poco tiempo de consolidar su victoria en las elecciones de mayo pasado, sorprendió al país al conceder, casi como un gesto magnánimo, libertad absoluta a los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM) para iniciar la promoción de sus aspiraciones en 2028. Con esta medida, el mandatario se mostró como un líder que, lejos de centralizar las decisiones en su figura, confía en la madurez de sus compañeros de partido para definir el rumbo de la organización.

Este acto de apertura fue percibido por muchos como una señal de renovación política y un intento de fortalecer la democracia interna.

Sin embargo, ese escenario de libertad irrestricta ha derivado en una carrera prematura por el poder, donde los precandidatos han comenzado a desplegar estrategias de posicionamiento antes de tiempo, generando tensiones en la dinámica interna del PRM.

En este contexto, José Ignacio Paliza, presidente del partido, ha intervenido para poner orden, solicitando a los aspirantes que detengan sus actividades proselitistas y se ajusten a lo que establece la Ley de Partidos, Movimientos y Agrupaciones Políticas.

Según esta normativa, las campañas internas no deben adelantarse al calendario establecido, para preservar la equidad y evitar desgastes innecesarios.

Esta decisión ha puesto a Paliza en el centro de la polémica. Mientras algunos lo ven como un garante de la institucionalidad y el respeto a las leyes, otros, especialmente los más fervientes partidarios de los aspirantes, lo acusan de intentar frenar la efervescencia política que Abinader había legitimado con su apertura. En cuestión de días, el mismo liderazgo que santificó al presidente por su gesto democrático ha comenzado a demonizar a Paliza por su intento de encauzar las acciones hacia la legalidad y el orden.

La aparente contradicción entre las posiciones de Abinader y Paliza refleja un conflicto len el PRM. Por un lado, está la figura presidencial que busca proyectarse como un líder abierto y conciliador, otorgando autonomía a sus correligionarios.

Por otro lado, el presidente del partido se enfrenta a la ardua tarea de evitar que esa misma libertad se traduzca en caos y fragmentación, especialmente en un momento en que el PRM necesita mostrar cohesión.

Por: Rafael Méndez
rmendez@gmail.com

El Nacional

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