Opinión

Leonel La Constitución y la “metáfora del semáforo en rojo”

Leonel La Constitución  y la “metáfora del semáforo en rojo”

“La Constitución debe ser protegida porque es lo que garantiza la democracia y la libertad, la Constitución es también el límite al ejercicio del poder político, en cualquier lugar del mundo la Constitución es la regla de juego del sistema democrático, y en todo lo que los seres humanos enfrentan siempre hay reglas de juego que tienen que respetarse”.

Estas frases pronunciadaspor Leonel Fernández en el acto del pasado domingo de más de un millón de firmas de ciudadanos que apoyan su retorno al poder expresan la tenaz lucha que el exgobernante ha librado por la defensa de la Constitución.

Como Sísifo en el mito de empujar la piedra hacia arriba, Leonel ha sostenido desde el año 2015 la defensa de la Constitución como límite al poder y como garantía de los derechos fundamentales, lo que le ha granjeado el apoyo de los principales sectores empresariales, religiosos, sociedad civil y las bases del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

En el momento actual el exgobernante y los sectores sociales que le apoyan han ensanchado su base política como un espacio incluyente que procura la vigencia plena de la Carta Magna, lo que ha allanado su camino a la candidatura presidencial del partido oficial.

Ya anteriormente, había dicho en un acto del “ColectivoLF” de redes sociales que “la Constitución es sagrada, la Constitución no se toca”, en alusión a la práctica promovida por sectores cercanos al presidente Danilo Medina de eludir los principios y normas constitucionales para imponer una segunda reelección del actual gobernante.

En su discurso, el expresidente Fernández fue más lejos y, como Juan Bosch, recurrió a la pedagogía política al usar un lenguaje más llano y de fácil comprensión por la ciudadanía cuando citó la metáfora del “semáforo en rojo”.

“Cuando se transita en un vehículo y se llega a una esquina y el semáforo está en rojo, usted tiene que detenerse, si usted no se detiene está irrespetando las reglas de tránsito y lo más probable es que provoque caos, desorden, accidentes, anarquía”, proclamó.

El poder corrompe

Como ha afirmado el expresidente de Ecuador Rodrigo Borja, desde tiempos inveterados, políticos e intelectuales han tratado de descifrar el enigma antiquísimo del apego al poder como prerrogativa de mando y de imposición de los designios de la propia voluntad de un gobernante.

Pero, sin duda ha sido el historiador inglés Lord Acton el autor de la frase más célebre respecto del tema al escribir que, “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Los politólogos coinciden en que el afán de poder y la acumulación de riqueza son dos fenómenos congénitos a la sicología del político de nuestros tiempos.

Así, el filósofo alemán Friededrich Nietzsche, en una frase citada por el expresidente Borja, lo llamaba “la voluntad de poder”: “para algunos hombres esa voluntad de poder ha tenido rasgos patológicos: ha sido una expresión compensatoria de sus propias debilidades o la revancha ante la vida por pasadas humillaciones o carencias. La lujuria de poder, en muchos casos, tiene esta explicación. Hay una gran diferencia entre el uso que da al poder el hombre equilibrado o el que da el inseguro o el apocado…” (Enciclopedia de la Política, pág. 760).

Por esa razón, uno de los padres del constitucionalismo moderno, Karl Loewenstein, sostuvo que “donde el poder político no está restringido y limitado, el poder se excede. Rara vez, por no decir nunca, ha ejercido el hombre un poder ilimitado con moderación y comedimiento (…) el poder incontrolado es, por su propia naturaleza, malo (…), cuando no está limitado el poder se transforma en tiranía y arbitrario despotismo”.
De ahí que el fin de la reglamentación del poder es precisamente su limitación, función que lleva a cabo la Constitución para evitar que se concentre en una mano omnímoda y todopoderosa.
Es decir, no basta que exista la Constitución como una expresión formal del ordenamiento jurídico, sino que se necesita que las garantías jurisdiccionales e institucionales de control al poder funcionen. De lo contrario se habla de la Constitución como “un pedazo de papel”, en la frase que patentizó Joaquín Balaguer en alusión a Ferdinand Lasalle.

De Santana a Danilo

En el constitucionalismo dominicano, el origen de la ausencia de controles al poder político tuvo sus orígenes en la Constituciónde 1844 que fundó la República.

Por presiones del caudillo Pedro Santana, el presidente de la Junta Gubernativa, Tomás Bobadilla, hizo incluir en el texto constitucional el tristemente célebre artículo 210 que proclamaba que, “durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el presidente de la República puede libremente movilizar la guardia de la nación, pudiendo, en consecuencias, dar todas las órdenes, providencias y decretos que convengan sin estar sujeto a responsabilidad alguna”.

Las consecuencias de ese artículo en la vida republicana fueron nefastas, pues bajo su régimen se entronizó el despotismo militar de Santana que llevó a exiliar al padre-fundador de la República, Juan Pablo Duarte, y al martirio de héroes como Francisco del Rosario Sánchez, María Trinidad Sánchez, Antonio Duvergé o al poeta y patriota Apolinar Perdomo.

A partir de ese momento, las apetencias irrefrenables de quienes han ejercido la mayor parte del tiempo el gobierno y la casi generalizada ausencia de límites reales al poder han llevado a la proliferación de reformas constitucionales que han tenido como único objetivo hacer “trajes a la medida” a los presidentes de turno.

Desde esa Constitución hasta la última reforma promovida por el presidente Danilo Medina para reelegirse en el 2015, treinta y nueve han sido las revisiones constitucionales que se han sucedido, algunas con apenas meses de espacio de tiempo, como aconteció con las dos reformas que se produjeron en febrero y diciembre de 1854, lo cual expresa las luchas de poder que se daban en ese momento.

Las demás enmiendas a la Carta Política se han registrado en 1858, 1865, 1866, 1868, 1872, 1874, 1875, 1876, 1877, 1878, 1879, 1880, 1881, 1887, 1896, 1907, 1908, 1924, 1927, 1929 (enero y junio respectivamente), 1934, 1942, 1947, 1955, 1959, 1960 (junio y diciembre sucesivamente), 1961, 1962, 1963, 1966, 1994, 2002, 2010 y 2015.

Entre los gobernantes que han producido cambios constitucionales para prolongar su permanencia en el poder a través de la reelección están Ulises Heureaux (Lilís), Hipólito Mejía y Danilo Medina.

El Nacional

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