En el año 2008, cuando Álvaro Uribe Vélez supo que era inocultable el vínculo con los paramilitares de su colaborador Juan José Chaux, decidió nombrarlo embajador en República Dominicana. Por razones obvias, en poco tiempo pasó de nombrado a convicto.
A principio del 2009, Uribe Vélez nombra embajador en República Dominicana al general Mario Montoya, también vinculado a los grupos paramilitares y muy comprometido en el escándalo de los falsos positivos (el que generó la práctica de asesinar a campesinos y a jóvenes de los sectores empobrecidos de las ciudades para presentarlos como guerrilleros).
El excomandante del Ejército, está en su país. Renunció para defenderse de las numerosas acusaciones formuladas en su contra.
El pasado día 7, Santos anunció que el almirante Edgar Cely será el nuevo embajador de Colombia en el país. Al inicio de su gestión lo había nombrado comandante de las Fuerzas Armadas.
El ultraderechista presidente sigue premiando a Cely por su aporte al Plan de Seguridad Democrática (fue fundador de la Fuerza de Tarea Omega, brazo ejecutor de esa política).
Santos, como exministro de Defensa y como sucesor del también ultraderechista Uribe Vélez, sigue comprometido con la mal llamada Seguridad Democrática.
¿Por qué envía Santos a Cely? Dada su costumbre de nombrar en el exterior a colaboradores desacreditados, quizás busca evitar que suban de tono los cuestionamientos en torno al manejo del presupuesto de las FA (12 mil millones de dólares, los aportes yanquis y las comisiones en compras y contratos). El interés de proteger capitales hijos de la guerra sucia y el proyecto de extender la contrainsurgencia, están entre los propósitos de la designación.
Y Leonel Fernández, pragmático hasta llegar al oportunismo descarado y ultraderechista que a veces se disfraza, recibe a estos enviados (procesados o disfrazados de héroes por el poder mediático de Santos, pero criminales al fin), porque sabe que debajo del sello de la Casa de Nariño está el de la Casa Blanca… Lacayos son… ¡Qué asco!
