Decía Carl G. Jung que lo inesperado y lo inaudito son cosas propias de este mundo, para que la vida sea completa. Lo acaba de vivir mi familia con la inesperada muerte de un familiar primo y cuñado, Juan Alberto Taveras Guzmán. Falleció también el colega y maestro de las letras Víctor Villegas, a quien Dios reserve el lugar que merecen los buenos.
Mi familia acaba de escuchar el catedrático Sermón de las Siete Palabras, donde nuestra Iglesia llamó al superior gobierno a enfrentar la inseguridad ciudadana, la complicidad de autoridades con hechos criminales, el abandono de los envejecientes y las pocas respuestas de la Seguridad Social a la protección de las enfermedades terminales y otras categóricas llamadas. Un llamado dramático, revestido de la autoridad de la Iglesia Católica, que donde no llegan algunas autoridades, a pesar de los esfuerzos del presidente. En este momento de alta reflexión nos llega la terrible información de que nuestro pariente Juan Alberto Taveras Guzmán acababa de morir víctima de una arritmia cardíaca, durante el regreso de un viaje a Moca con su hijo Freddy el Viernes Santo, acompañándole también su hermano, un neurólogo muy respetado, doctor Luis Taveras Guzmán. En el hospital de la Vega, Profesor Juan Bosch, le dieron los primeros auxilios, pero todo fue en vano.
En el cementerio, el doctor Juan Milagros Pérez y Pérez, y el hermano Luis destacaron en su panegírico los esfuerzos paternales del fallecido y de Reynaldo, otro hermano mayor, quienes tuvieron que fajarse para ayudar a graduar a sus nueve hermanos, hoy todos profesionales. Juan Alberto, comerciante desde jovencito, pudo buscar fortuna como tantos, pero fue muy práctico, inteligente, y muy conciliador y relacionado hasta con familias en altísimas posiciones como yo mismo, que recorrí casi todas las áreas por más de 40 años y no estoy jubilado ni tengo funciones, ni la suerte de otros que como servidores públicos en poco tiempo han podido almacenar fortunas.
En la Iglesia de San Carlos le estamos celebrando misas a las 6 de la tarde y el domingo será a las 9 de la mañana, la final. Fue elegido, como otros munícipes, por la misma parroquia de San Carlos para recibir el lavado de sus pies el Jueves Santo. En definitiva, fue un ser humano trabajador y cordializó con todos. Había dicho que quería irse de la Tierra un Viernes Santo. El día de su muerte no había periódicos y casi todos sus hermanos estaban fuera del país y, sin embargo, una gran cantidad de personas fueron al cementerio, de todos los partidos, de todas las clases sociales.
Finalmente ruego al Todopoderoso por la recuperación de la salud de la valiosa comunicadora Elsa Expósito, que la necesita la buena información.

