Podrían llamarse “Entregadores”, pero como el nombre se popularizó en el idioma inglés se les conoce con un anglicismo ya popularizado, o más bien aplatanado.
Están por todas partes. Basta que usted tome el teléfono, marque el número de un negocio cercano a su casa, haga el pedido del producto deseado y en cuestión de minutos un raudo personaje motorizado toca a su puerta y le hace la entrega.
Se los ve recorrer las calles de los barrios de nuestras ciudades, sean estas pequeñas o grandes. Sean los barrios de clases alta, media o baja, en zonas residenciales de alto poder adquisitivo o de menores ingresos. En cualquier caso y en cualquier lugar, los “delivery” son una realidad de nuestro entorno, ya asimilada por la identidad de los dominicanos.
Hay colmados y colmadones como en la urbanización donde vivo, que tienen hasta cinco deliverys, lo cual adquiere ya dimensión de pequeña y hasta gran empresa. Los deliverys suelen ser jóvenes venidos normalmente del interior del país. Las frías, los hielos, cualquier bebida alcohólica son el gran negocio de los colmados y por lo tanto del delivery; aunque también los pedidos detallados para el almuerzo.
Pero los delivery de hoy, sanos y trabajadores, tienen sus ancestros, sus orígenes más remotos y menos santos. En el campo de la música y el arte, en general, en el mundo de la comunicación, tanto de la radio como de la televisión, este personaje ya era popular en los años 80s y 90s. Los había (y aún los hay) muy conocidos. Sólo que sus mercancías, los pedidos que suelen atender, resultan muy especiales, caros y arriesgados. Debido a ello los podríamos llamar: “Deliverys del vicio”.
Semanalmente se les ve en determinados programas mostrando su “limpio” rostro como si fueran parte ya del staff del programa o del espectáculo. Probablemente ya no andan motorizados, sino “enyipetados”. Son los clásicos abastecedores de figuras importantes del canto que han caído en el vicio de las drogas.
¡Ah, importante! No vaya usted a creer que sólo deambulan por los corrillos del arte. También llevan sus encomiendas o pedidos, a políticos (algunos ministerios tienen sus delivery especiales), militares, banqueros, proveen empresas, colegios y universidades. Estos son deliverys son clase aparte. Usan perfumes caros, trajes finos, negros y lustrados maletines cual bien posicionados Consultores del placer y la depravación, del vicio y la doble moral.

