Opinión

Los lectores opinan

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Admiración  y decepción
Señor director:
Bastaba con que el doctor Luis Schecker Ortiz convocara a un acto del Club Sirio Palestino Libanés para que yo lo respaldara.

Pero máxime por tratarse de una indignada condena al grosero, abusador y desproporcionado ataque al territorio de Gaza bajo el pretexto de detener las represalias de Hamas.

Las frustrantes defensas que hace el gobierno israelí de su presencia en territorio palestino son totalmente desproporcionadas y han cambiado enteramente mis simpatías hacia el pueblo de Israel que “errante y fatigado” buscaba un ficticio asiento en territorio bíblico “donde manaba leche y miel”.

El desarrollo tecnológico y las distintas formas comunitarias desarrolladas en el recién creado Estado de Israel asombraron al mundo.

Cuando a finales de los años cincuenta estudiando yo en Roma vi que la tradicional importación italiana de naranjas producidas en la feraz región española de Valencia fue sustituida por naranjas cultivadas en tierras áridas con escaso régimen de lluvia, irrigadas por goteo presionó hacia lo alto mi admiración por Israel. Y así muchas más informaciones.

Aquí, poco antes de la Revolución de Abril, el doctor Donald Read Cabral, (q.e.p.d.) había firmado acuerdos con el Gobierno de Israel para desarrollos tecnológicos especialmente en le sector agropecuario.

En el año 1966 el licenciado Fernando Álvarez Bogaert, fue designado secretario de Estado de Agricultura y me llevó a la Dirección de Planificación de dicha Secretaría porque nos habíamos conocido como estudiantes y becados ambos por la OEA, en el Departamento de Economía Agrícola de Purdue University. Por consiguiente, me tocó discutir con el Embajador de israel y el enviado técnico los proyectos de desarrollo tecnológicos en el país.

Cálidas invitaciones a la Embajada para recepciones y otros eventos frecuentaron.

En cierto momento, uno de los más distinguidos embajadores de Israel me invitó a visitar los proyectos en Azua junto con unos técnicos recién llegados.

Allí me conmovió la alegría del embajador al contemplar las zonas más áridas que yo había visto en mi vida y me dijo: “Esta tierra me recuerda donde yo nací en Israel…”

Uno de los eventos a que fui invitado en aquellos años consistió en una rueda de prensa de un elevado Ministro de Israel. Objeté las declaraciones del funcionario que favorecían los desmesurados ataques israelíes a las posiciones palestinas. El enviado justificó tales ataques en el principio de defensa propia a lo que yo opuse el concepto de la proporcionalidad en l respuesta defensiva.

El político israelí continuó imperturbable su perorata y yo, aunque seguía admirando los aportes tecnológicos de Israel al país y al mundo, sentí que se desplomaba mi adhesión a Israel. Y me alejé.

Y ahora, con los recientes y desproporcionados ataques a indefensas poblaciones de Palestina sufro, además de la decepción, el sentimiento más profundo de la rebeldía impotente.

Atentamente,

Lic. Francisco Dorta-Duque

El Nacional

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