Opinión

Los lectores opinan

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El tren a ninguna parte
Señor director:

 ¡A  la una…! ¡A las dos…! ¡Y a las tres…!  Pan, chocolate ¡y se fue el tan anunciado y esperado Metro!

Acaba de partir el tren a ninguna parte, en cuyo inútil recorrido podemos apreciar un paisaje desolador y triste [ver un par de fotos tomadas por el autor].

 La curiosidad despierta el interés de una clase media acomodada, que no tiene nada qué  buscar en el trunco destino de este tren, cuya absurda mezcla de modernidad y prístino atraso social se nos antoja conmovedora. 

Nada que ver con el Nueva York de verdad. ni con el candor del soñado «Nueva York Chiquito».

Curiosidad saciada, y finalizado el recorrido, para que nadie nos cuente,  se nos ocurre preguntar:

¿Qué  firma experta en calidad y seguridad, mundialmente acreditada,  habrá certificado esta  obra tan costosa? ¿SGS?

¿Qué compañía de seguro internacional o reasegurado habrá avalado el seguro contra accidente que, suponemos, posee en beneficio de los pasajeros?

Cabe suponer que los encargados de emitir los certificados de calidad y seguridad habrán consultado al ingeniero Osiris de León, cuya capacidad está fuera de toda duda, para presentar los  potenciales riesgos de la obra, con absoluta seriedad y todo el rigor científico.

A ver si los constructores del Metro responden a esta pregunta para los usuarios cotidianos se monten tranquilos.

Entonces, ya curados de espanto, para que las reservadas y justificadas dudas acerca de la utilidad del Metro sean superadas, al menos, por la seguridad que puedan garantizar una certificación oficial y un seguro contra accidentes, como manda la Ley.

Atentamente,

Eduardo Álvarez

***

Cuestión de honor
Señor director:

Para los discípulos del profesor Juan Bosch, gobernar bien deberá ser cuestión de honor.

Esto así, porque Juan Bosch predicó el “servir al partido para servir al pueblo, y porque Juan Bosch siempre quiso que todo los muchachos formados por él marcaran la diferencia.

Por eso, pienso que el Partido de la Liberación Dominicana ha hecho, hasta hoy, el gobierno que las circunstancias le han marcado y no el que Leonel Fernández ha diseñado y ha pretendido hacer para realizarse como hombre público.

Lo menos que se puede hacer es invitarles a cumplir con los acuerdos pactados en la Cumbre de las Fuerzas Vivas, porque es una forma de demostrar que siguen en sintonía con el pueblo y que, a pesar de haber alcanzado el poder, no se han divorciado de la gente sencilla, del ciudadano de a pie.

Viví por varios años en el exterior, y cuando me enteré de que el partido de Juan Bosch estaba gobernando en este país, me sentí muy contenta.

A mi llegada, he escuchado muchas críticas negativas, contra la persona del presidente Leonel Fernández y contra su estilo de gobernar, pero me resisto a creer que todo esto sea cierto.

Creo que quienes no lograron alcanzar el poder, le tienen ojeriza a este joven y exitoso político.

Espero que el paso del tiempo aquí en mi país, y de nuevo entre los míos, no me haga decepcionarme de estos muchachos.

De los incidentes de la Cumbre he estado enterada, porque es de mi interés.

Atentamente,

Adamaris Alberto Salas

El Nacional

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