El Papa Benedicto XVI dudó en más de una ocasión durante los oficios religiosos con motivo de la Semana Santa sobre la fe cristiana, especialmente en el mundo occidental, de tradición católica.
El sumo pontífice abrió el Triduo Pascual con la Misa Crismal, enrostrándoles a los cristianos que no tenían motivos para alardear, porque se habían convertido en incrédulos, alejados de Dios.
El día anterior había manifestado temores similares y afirmado que Jesús enfrentó la muerte con demasiada angustia e incluso dejó entrever que Sócrates, el filósofo griego, tuvo más gallardía.
La realidad es que las constantes denuncias en los últimos años sobre la inconducta de sacerdotes y obispos es señal de que las cosas no andan bien en la iglesia católica, pero el Papa ha tomado el rábano por las hojas mientras la raíz permanece intacta.
Los cristianos no se están alejando de Dios, se alejan de la fe católica porque no ven allí representados sus intereses. Es la Iglesia Católica la que se ha alejado de los pobres, fijando posiciones políticas que los afectan o incursionando en actividades económicas privilegiadas.
A nombre del cristianismo se han forjado colegios y universidades en todo el mundo, pero a casi ninguno de ellos tienen acceso los hijos de los pobres. Excepto a través de becas financiadas por los Estados.
Sólo de manera aislada, algunos sacerdotes retoman el mensaje de Jesús, de igualdad, solidaridad y humildad, para reafirmar el compromiso de la iglesia con los pobres. Pero en República Dominicana, como en los demás países occidentales, la cúpula de la iglesia católica actúa de espalda a la filosofía de Jesús y a los intereses de los que nada tienen.
Contrario a lo que usted piensa, veneradísimo Benedicto XVI, los cristianos occidentales refuerzan su fe, ahora más que nunca cuando se ensancha la brecha entre la cúpula y la feligresía de la iglesia. El mal está arriba, no abajo.

