SAN JOSÉ. AFP. Costa Rica amaneció este lunes sumida en una grave crisis política y con su Congreso técnicamente cerrado luego de que una pugna entre una variopinta alianza opositora y el minoritario oficialismo impidió la elección de las estratégicas autoridades del cuerpo legislativo.
La batalla, que la oposición llegó a calificar de «golpe», impidió incluso que la presidente Laura Chinchilla leyese su primer informe anual al Congreso, y el balance, en 24 páginas, pasó directo a los archivos del Legislativo. Horas de batalla sobre procedimientos terminaron con la salida del recinto de la alianza opositora que agrupa desde neoliberales fundamentalistas hasta izquierdistas radicales, dejando sin quorum a los oficialistas, duchos como pocos a la hora de explotar los vericuetos del reglamento parlamentario. Pese a la falta de diputados, los 24 legisladores del gobierno y dos aliados ungidos por partidos evangélicos, reeligieron a Luis Vilanueva como presidente del Congreso, quien renunció tres horas después ante el creciente escándalo. «Han dado un golpe al orden público, a la constitución (…). Es bochornoso ver al Partido Liberación Nacional inventar procedimientos de elección», dijo Danilo Cubero, del liberal Movimiento Libertario, luego del fallido intento de entronizar en el Congreso.
