El ingeniero Hipólito Mejía, presidente de la República en el período 2000-2004 y candidato del PRD en la pasada contienda electoral, fue expulsado recientemente por la Comisión de Disciplina de esa organización. Los miembros de esa Comisión de Disciplina son personas desconocidas. El único conocido es Fiquito. Esa comisión fue escogida en una reunión de un Comité Ejecutivo Nacional de membrecía irregular. Pero el problema no es la Comisión de Disciplina, ni Miguel Vargas ni el Tribunal Superior Electoral.
El caso de Hipólito se parece al del perro que muerde al hombre. Y el hombre discute con el perro en vez de confrontar con el dueño. Los culpables del problema del PRD son Leonel Fernández y el presente gobierno. Buscar chivo expiatorio es evadir responsabilidad, y es lo que ha hecho Mejía.
A Hipólito Mejía le robaron las elecciones del 2012. Siendo las dos de la tarde del 20 de mayo había ganado tres encuestas a boca de urnas. El gobierno tiró a las Fuerzas Armadas a las calles y la Junta Central Electoral, constituida mayoritariamente por cuadros del PLD, se encargó de la otra parte.
El 22 de mayo pronuncia un contradictorio discurso, en el que no avala los cómputos de la JCE, pero se declara líder de la oposición. Lo primero es que debió defender su triunfo. Y, de aceptar ese resultado, por lo menos debió negociar la eliminación de las altas cortes y cambiar los miembros de la JCE y la SCJ, para enmendar el tollo institucional que ha dejado Leonel.
Es que Hipólito Mejía, si no tenía fuerza militar, sí tenía la suficiente fuerza popular para llevar al PLD a la negociación y lograr el retorno a la institucionalidad. Desaprovechó la oportunidad.
Usted yerra cuando pierde de vista el pleito que tiene que echar y con quien tiene que echarlo. Dijo Miguel de Cervantes que: Cada cual fabrica su propio destino. Ese tenía que ser el destino de Hipólito por estar buscando mangos bajitos. Y los mangos eran cada vez más bajitos, porque empezó con Miguel y terminó con Fiquito.

