GILBERT, Arizona, EE.UU. (AP) .-Vestido con el equipo de protección para bateadores de cricket, Manny Ramírez observaba desde un costado de la cancha el calentamiento de un lanzador.
Después de que la primera bola lanzada picó levantando polvo y pasó como un cohete junto a él, el cañonero dominicano de los Dodgers de Los Angeles volteó y se preguntó sobre su seguridad. Pero no pasó mucho tiempo antes de que uno de los bateadores más temidos del béisbol profesional se sintiera suficientemente seguro como para tratar de conectar la esférica con un bate de cricket.
«Quiero ver una bola pida», gritó Ramírez al lanzador Souvir Bhuta, quien lo complació.
«Muy bien», le dijo Ramírez. «Voy a hablar con Frank (McCourt, propietario de los Dodgers). Quizá podríamos contratarte; necesitamos algo de pitcheo», bromeó el pelotero.
Los Dodgers descansaron el miércoles, y Ramírez decidió trasladarse al suburbio sureste de Phoenix, donde tomó lecciones de bateo del profesional australiano de cricket Shaun Marsh para promover las transmisiones de partidos internacionales de este deporte por DIRECTV.
«Me siento mejor cada día», señaló. «Tenemos tres semanas para el juego inaugural».
Ramírez rió nerviosamente cuando se le preguntó si el manager de los Dodgers Joe Torre había autorizado su salida. «Oh sí. Pienso que me voy a retirar y quizá firme para jugar cricket», bromeó el pelotero.
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