Opinión

María Luisa, un legado

<P>María Luisa, un legado</P>

Domingo, 24 de agosto, 1947. // “Nosotros, los de hoy, admiramos el valor y la fidelidad de los de ayer, y comprendemos perfectamente su arraigo sentimental respecto a las cosas que han vivido, pero pensamos que es a nosotros, precisamente, a quienes nos toca iniciar un mundo de nuevas inspiraciones.  Dar el firme paso, afincándonos en la firme base que nos legaron los clásicos, y que no por eso morirán en la Historia de la Literatura, como no mueren las estatuas cuando se levantan nuevos heroes de carne y hueso.  Ya aquellos tuvieron su época, y esta de ahora es nuestra, no para reformar la obra perfecta que encontramos hecha, sino para crear una nueva, de acuerdo a nuestro sentir y vivir de hoy.

Todo ahora tiende a simplificarse. El hombre lucha por encontrar la forma más sencilla y breve de manifestarse y de conversar con los demás.  Las ciencias, la medicina, la arquitectura y hasta el mismo amor, se han modernizado, sintetizándose.  Ahora un  hombre y una mujer se encuentran, se miran, se gustan, se besan y se casan.  Total cinco minutos de tiempo.  Si no aceptamos lo moderno no habría penicilina, ni cohetes, ni bombas atómicas, ni Impresionismo.  Estaríamos conviviendo aun espiritualmente con Pasteur, los hermanos Wright, y Baltasar Gracián.

La poesía moderna que nosotros cultivamos es, con relación a la Medicina, la penicilina del espíritu.  Es la expresión máxima condensada en símbolos, en un lenguaje fantástico y expresivo, fluido y completo.  La poesía moderna es la taquigrafía de un sentimiento poético, para los que saber leer en signos.  Es una fotografía, una instantánea de algo que vemos fugaz o acabadamente en un paisaje, o en un rostro, y que mecanizaríamos al someterlo al análisis del metro y la rima.

Yo también una vez escribía versos musicales.  Tengo por ahí un cuaderno repleto de ellos.  Confieso que entonces me gustaban con delirio y que Moreno Jiménes (que sera el Inmortal Padre del Postumismo) y toda su cofradía en la Colina Sacra, eran para mi un reciente enigma.  Pero me canse de no decir nada nuevo u original.  Estaba escribiendo desde los nueve a los 20 años y no había logrado diferenciarme de los demás.  Y pensé que quien cultiva un arte ES PARA SUPERARLO, PARA TENER INSPIRACIÓN PROPIA.  Eso lo encontré más tarde en la poesía que hoy cultivamos Tony y yo. Nadie usa las mismas expresiones, aunque los símbolos sean los mismos.  Cada uno tiene su propio lenguaje  sin recurrir a diccionarios, tras una rima que falla o atormenta la memoria, tras una frase reacia, lejos de la obligada rima y el metro cansón e inevitable.

El Nacional

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