Santo Domingo.-El secretario general del Movimiento Izquierda Unida (MIU), Miguel Mejía, criticó este lunes a quienes solo defienden la causa haitiana frente a una cámara o un periodista.
Aseguró que a “este puñado de demagogos” pertenecen los representantes de los Cuerpos de Paz de los Estados Unidos que acaban de enviar una carta a John Kerry, Secretario de Estado, urgiéndolo a cortar la ayuda y colaboración con las Fuerzas Armadas y de seguridad de República Dominicana, debido a lo que se considera como graves violaciones de los derechos humanos, en su trato con los inmigrantes ilegales haitianos
“Cuesta trabajo creer que ciertas firmas que aparecen en documentos de condena a República Dominicana, en medio de su crisis migratoria con Haití, pertenezcan a las mismas entidades y figuras que nunca antes se han interesado por la suerte de ese sufrido pueblo, y mucho menos por el destino del nuestro”, expresa Mejía en un documento titulado “Haití y el humanismo de salón” difundido a los medios.
Sostuvo que quienes así actúan están acuñando un nuevo tipo de humanismo “no más eficaz, ni compasivo; tampoco más justiciero, ni comprometido. Se trata del humanismo de salón, esa pose cínica de quienes juzgan, condenan, opinan y exigen… siempre y cuando haya una cámara o un periodista cerca, y no exista el peligro de los sacrificios ni las erogaciones”.
A continuación el texto íntegro del documento
HAITÍ Y EL HUMANISMO DE SALÓN
“Cuesta trabajo creer que ciertas firmas que aparecen en documentos de condena a República Dominicana, en medio de su crisis migratoria con Haití, pertenezcan a las mismas entidades y figuras que nunca antes se han interesado por la suerte de ese sufrido pueblo, y mucho menos por el destino del nuestro”. Miguel Mejía, secretario general.
Santo Domingo, R.D.-Lamentablemente, es de buen gusto y rinde beneficios a las relaciones públicas, el protagonizar una de estas puestas en escena, siempre y cuando ello no implique un verdadero involucramiento en la causa que se dice defender, ni signifique enfrentar, cara a cara, a los causantes directos de los males que se denuncian.
Quienes así actúan están acuñando un nuevo tipo de humanismo: no más eficaz, ni compasivo; tampoco más justiciero, ni comprometido. Se trata del humanismo de salón, esa pose cínica de quienes juzgan, condenan, opinan y exigen… siempre y cuando haya una cámara o un periodista cerca, y no exista el peligro de los sacrificios ni las erogaciones.
¿Cuál de las ONG, o los pseudo políticos que se rasgan las vestiduras por la suerte del pueblo haitiano, ha encarado, como se debe, al gobierno de Francia, su antigua potencia colonial; al de Estados Unidos, quien por razones imperialistas la ocupase varias veces en el devenir de su historia, y al resto de las naciones ricas del mundo, pródigas en promesas de ayuda y escuálidas en cumplimientos? Cuál de ellas y ellos ha plantado cara a la élite corrupta haitiana, y a su simulacro de gobierno, apostrofándolos por mantener al país en la postración, desentenderse de la suerte de sus ciudadanos y lucrar con la ayuda internacional que reciben?
A este puñado de demagogos pertenecen los representantes de los Cuerpos de Paz de los Estados Unidos que acaban de enviar una carta a John Kerry, Secretario de Estado, urgiéndolo a cortar la ayuda y colaboración con las Fuerzas Armadas y de seguridad de República Dominicana, debido a lo que se considera como graves violaciones de los derechos humanos, en su trato con los inmigrantes ilegales haitianos; a la alegada existencia de campos de concentración en suelo quisqueyano, y los flagrantes delitos racistas que, supuestamente, aquí se están cometiendo.
Si, son los mismos Cuerpos de Paz acusados, una y otra vez, desde su surgimiento, por ser herramientas de inteligencia, adoctrinamiento y subversión en los países donde han estado presentes, incluido el nuestro. “Los Cuerpos de Paz- se afirmaba en el artículo The Peace Corps: An Indictment, publicado en 1968- son tan arrogantes y colonialistas como el gobierno al que responden” Se trata, en consecuencia, de representantes de una agencia gubernamental de los Estados Unidos, y por lo tanto, copartícipe de sus políticas, en la arena internacional.
Los dominicanos aún estamos esperando por la condena que los Cuerpos de Paz, presentes en nuestro suelo, y testigos de primera línea, debieron haber emitido contra el genocidio cometido por los invasores norteamericanos, en 1965.
No menos oficialistas, aún bajo el manto de la supuesta independencia del poder legislativo con respecto al ejecutivo, es la
postura de los senadores Benjamin L. Cardin, Bill Nelson y Marco Rubio, quienes en cartas por separado, también dirigidas a Kerry, redundan en estas acusaciones. En el caso de los dos primeros, han urgido al Secretario de Estado a trabajar con el gobierno dominicano para que el proceso de deportación de indocumentados se realice de manera “…justa, transparente y en consonancia con los estándares internacionales”. Por descontado está, que no han podido presentar prueba alguna de que se esté actuando de manera contraria.
El caso del senador Rubio merece un comentario adicional, porque en su carta aparece la recurrente preocupación por la apatridia de los deportados, y porque no tiene la decencia de señalar que la carencia de documentos de identidad de los haitianos es responsabilidad absoluta del gobierno de ese país. Al final, como era de esperar en un demagogo electorero de su jaez, se erige, por sí y ante sí, en vigilante de los pasos que dé el Secretario de Estado para contribuir a paliar la crisis.
Si, se trata del mismo senador Marco Rubio, de origen cubano, que se ha enfrentado al secretario Kerry, al presidente Obama, y al 74% de los ciudadanos norteamericanos que apoyan el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas y de distensión con Cuba; el mismo politiquero irresponsable que aboga por el mantenimiento del ilegal e inmoral bloqueo contra la isla, condenado inequívocamente por la Asamblea General de la ONU, durante 22 años consecutivos.
El gobierno, el pueblo y las instituciones dominicanas deben estar alertas y enfrentar a estos hipócritas humanistas de salón, que hoy se ceban contra nuestra soberanía, leyes y Constitución.
No debe quedar sin respuesta, ni la menor de sus groseras manifestaciones injerencistas y demagógicas.
No hay compasión ni humanismo alguno en los voceros de esta campaña, sino el canallesco cumplimiento de las tareas encomendadas por los intereses geopolíticos que hoy atizan la confrontación entre Haití y República Dominicana. Los mismos que siempre han irrespetado todos los derechos de los pueblos a los que han invadido, a través de su violenta historia de dominación y expansionismo.

