José Rafael Sosa
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El día en que nació, el 7 de febrero de 1914, en la entonces pueblerina comunidad de Santa Cruz, en Barahona, poca gente logró imaginar que aquella criatuta mulata llegaría a ser el más universalmente artista plástico dominicano, creador de un perfil respetado, de trazos globables, apoyados en sus dramáticos colores oscuros y pasteles, con lienzos en los que desfilarían todo el drama, el amor, la pasión y la lucha de los seres humanos, para impregnar paredes, con unos murales que se reputan entre los mejores latinoamericanos y cuadros de un aliento visual perfumados de drama y poesía.
Hoy, a los 90 años, Ramón Oviedo, maestro silente, trabajador de su taller como el culto de secta más digno, sigue impregnando de respetuosa creatividad plástica, reconocida por las instancias nacionales e internacionales. El cumpleaños 90 de Ramón Oviedo será conmemorado hoy por sus parientes, sus colegas pintores y el público que gusta de este artista que logró plantar una marca honda e inimitable en la pintura. Osvaldo Guayasamín, maestro ecuatoriano, dijo de su pincel: “Es una explosión de color y formas inéditas”.

