Opinión

Pacto por la impunidad y el conservadurismo

Pacto por la impunidad y el conservadurismo

El 6 de enero de 2008, los diarios dominicanos reseñaron una declaración de Miguel Vargas Maldonado, candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano, cuestionando el origen de la fortuna personal del presidente Leonel Fernández, quien era también candidato. Declaró que hasta 1996, Leonel era un insolvente, y que, tras ejercer la Presidencia entre los años 1996 y 2000 y luego en el período 2004-2008, en dos gobiernos corruptos, no puede explicarle al país el origen de la fortuna que posee. Mencionó el dinero acumulado en la Fundación Global y dijo que no podría Leonel Fernández explicar el destino de los 130 millones de dólares del préstamo con la Sun Land. Lo acusó también de ser el responsable del desagüe de la Presa de Taveras, que causó la muerte a decenas de personas en la zona del Cibao.

La reseña del Listín Diario tiene más detalles, pero no hace falta citarlos.

La rebatiña electorera tuvo picos y segmentos casi llanos. Sencillamente porque nadie se atrevió a hablar más de lo que su conveniencia le dictaba.

La declaración fuera de tono de Miguel Vargas, a quien, en los corrillos electoreros  dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana llamaban “Miguel Marbella”, en alusión al escándalo que generó en España una operación de negocios en la cual él fue partícipe, constituyó un intento de reducir su nivel de vulnerabilidad como candidato, pero también una advertencia a Leonel Fernández, al desacreditado Amable Aristy Castro y a otros políticos, de que, cuando el pacto de impunidad no alcance a alguno, podría tornarse débil para proteger a los demás.

No es sorprendente, pues, que, en una coyuntura como la actual, cuando  Leonel Fernández necesita (por lo mismo que en forma tácita reconocen los demás jefes de este podrido sistema), consolidar su poder en el sistema político,  dentro o fuera de la Presidencia de la República, haya firmado un pacto con Miguel Vargas, un pacto que, dentro del PLD y dentro del PRD, les fue informado sólo a sus beneficiarios (o a quienes pudieran creer que lo serían).

PRD y PLD se revelan como siglas para cubrir las maniobras de quienes lleguen a imponerse en coyunturas determinadas. Una parte de la dirección del PRD estuvo junto a Miguel Vargas y una parte del PLD estuvo junto a Leonel Fernández: las personas comprometidas con la reforma constitucional, y algunos “mediadores” (se escribe entre comillas porque en realidad son entes que han servido de enlace en el impulso al conservadurismo).

Son las figuras que se han dejado ver. No se han mostrado, claro está, algunos de los muy bien pagados asesores de Leonel Fernández, que han renegado de la izquierda o son  abiertamente procedentes de la derecha, y que lo asesoran para que, en medio de la podredumbre, utilice el estilo de ejercicio del poder heredado de Joaquín Balaguer.

Y Leonel Fernández, con esa bien pagada asesoría, ha sido en esta ocasión más audaz. Pacta por la no reelección tres años antes de las elecciones, lo que le facilita arbitrar la situación en el PLD y neutralizar al PRD; pero no le impide en el futuro hacer amagos y hasta llegar a la acción, si, donde siempre halló recursos, los encuentra para reformar nuevamente la Constitución en ese solo punto.

Que nadie tenga duda de que Leonel Fernández, desde donde le sea posible, preservará el pacto de impunidad. En el período 2000-2004 fue protegido por la decisión de Hipólito Mejía de no tocar a los ex presidentes. En el año 2008 se lo hizo recordar el propio Miguel Vargas y en el año 2012 se podrá agregar mucho más al rosario que Vargas quiere olvidar, al menos temporalmente.

El poder económico y el pacto de impunidad fueron determinantes en el acuerdo, conservador en todos los puntos: el de la nacionalidad, el de los períodos de ejercicio de los legisladores y los demás.

Un pacto por la continuidad del autoritarismo y de la corrupción descaradamente impune; un acuerdo que deja claro que no son realmente partidos el PLD y el PRD y mucho menos la desvencijada maquinaria electoral creada por Joaquín Balaguer. Es una obra de los cerebros al servicio de la corrupción para prolongar la vigencia de lo podrido. ¡Qué asco!

El Nacional

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