Cuando vi la semana pasada la nueva reforma fiscal presentada por el superior gobierno y advertí la reacción inmediata del pueblo, aposté con amigos que aquello no podía ser definitivo. Y cuando el lunes vi en la prensa modificaciones anunciadas y el semblante contraído, como era humano, de los proponentes de este trago amargo, me volvieron las luces esperanzadoras. Confío en que vendrán nuevas reconsideraciones que permitan seguir la vida, porque hay que seguirla, pero haciendo un ruego profundo al presidente y sectores del país para que arriben a un acuerdo histórico.
Enderecemos los cuellos de botella, ajustemos las abismales diferencias en sueldos, nóminas innecesarias, pensiones ofensivas a la pobreza que nos invade, el desastre de la luz eléctrica, la ley de partidos, seguridad, nivelar las escandalosas pensiones que ofenden y otros y frente al nuevo sacrificio cuidar más la clase media y a los sectores pobres, y que haya entendimientos mayúsculo con los pudientes que mueven la economía con razón y los partidos políticos; pero las clases pobres y media ya no resisten más, señor presidente. No se preste en enterrar su oportunidad y la buena impresión que ha venido levantando, tómese su tiempo e insista en evitar otra prueba de más impuestos, que ya su partido lleva varias reformas fiscales y el pueblo se ha envenenado con razón, cuidado con inobservar estas sinceras observaciones de amigo de un político que conoce a fondo la problemática nacional y hasta internacional, y hace tiempo que venia preocupándome con los déficit y no se tomaban controles, y lo hacía como amigo en esta misma columna. Errar es de humanos, pero la historia es inexorable con las malas siembras, siempre cosechan.
Agote, presidente Medina, los recursos extraordinarios, y logre llamar a los partidos y sectores de una vez y extracten cualquier acuerdo pero que permita salir del trance ahora y evitar los extremos a que llegan los pueblos, cuando se cierran las oportunidades y la paciencia convertida en reclamo justo, cuando los gobiernos no quieren llegar a entendidos por sectarismos, dejadez, o falta de sensibilidad humana y política que a usted le sobran. Esta es su gran oportunidad.
Finalmente, llevo mis felicitaciones más calurosas al hermano país de Venezuela y al gran amigo de nuestro país presidente Hugo Chávez, reelegido, así como a su rival Enrique Capriles, quien reconoció el triunfo de Chávez. Mi sincera solidaridad y pésame con mi viejo amigo Ramón A. Reyes con motivo de la muerte de su madre en la otra semana. No pude asistir a los oficios. Murió la colega Sara Savarín. Mi solidaridad con el colega y amigo Billo, por la muerte de su madre, María viuda Peguero.

